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Proteger el sistema inmunológico evita enfermedades

Es necesario reforzar las defensas del organismo para impedir la invasión de virus
Domingo 17 de febrero de 2002 El Universal

No es fácil ayudar al organismo a no sufrir los estragos que produce el paso del tiempo. Nuestro cuerpo envejece irremediablemente, junto con nosotros o nosotros envejecemos al paso que él lo hace, más bien y el sistema inmunológico no se sustrae a este proceso.

Sin embargo, insistimos, el ritmo de ese envejecimiento depende en gran parte de nuestra conducta y puede ser tan lento o acelerado como nosotros lo permitamos, a través de nuestros hábitos y estilo de vida.

Si el sistema cardiovascular es el medio de transporte del cuerpo humano, el inmunológico es su sistema de seguridad. Esta protección se realiza del siguiente modo: el sistema protege al cuerpo de la invasión de microscópicos enemigos, bacterias y virus, potencialmente peligrosos. También protege al cuerpo de las insurrecciones internas, destruyendo las células que se han vuelto anormales o malignas.

Cuando dejamos que el sistema envejezca, empieza a fallarnos. lo hace en dos formas fundamentales: se vuelve negligente, ineficiente y perezoso, de tal modo que permite que las células anormales ya sean agentes infecciosos o células cancerosas crezcan a su antojo, sin hacer nada para detenerlas, o bien se puede volver exageradamente quisquilloso y desconfiado, a tal punto que se equivoca en sus esfuerzos de protección y ataca tejidos saludables, como ocurre en muchos casos de artritis y de alergias. Como el sistema inmunológico es tan complejo, puede fallar en ambos sentidos: por negligencia, como en el cáncer, o por reacciones exageradas, como es el caso de la artritis.

Proteger nuestro sistema cardiovascular puede ser más o menos fácil, como ya hemos visto, pero proteger el inmunológico es mucho más complicado. Esto se debe a que está formado por millones de células que flotan y deambulan por todo el cuerpo, en busca de anormalidades. Todas estas células necesitan comunicarse adecuadamente entre ellas para proporcionar una protección adecuada y esto depende de las condiciones en que se encuentre el sistema. Si es un sistema prematuramente envejecido, la comunicación se vuelve muy deficiente y el sistema funciona mal.



Los beneficios del ejercicio

La ciencia sabe ahora, por ejemplo, que la gente que hace ejercicio regularmente tiene una concentración más elevada de las células del sistema inmunológico que identifican y destruyen toxinas y organismos invasores potencialmente peligrosos. La gente sedentaria tiene una cantidad mucho menor de estas células protectoras. También se ha descubierto que la ingesta de antioxidantes, como las vitaminas C y E, es una forma segura de mantener joven el sistema inmunológico. Recientemente, la ciencia también ha descubierto a los enemigos del sistema: el exceso de sol, la radioctividad, ciertas sustancias químicas que contaminan el ambiente, el estrés y la angustia. Todos son factores que de algún modo "envejecen" el sistema inmunológico, lo hacen funcionar mal y nos exponen al riesgo de contraer un cáncer.

Por ejemplo, la muerte de una persona amada hace que disminuya considerablemente el número de células T (protectoras) del organismo. Y esta reducción (que nos expone a muchas enfermedades) puede prolongarse hasta un año.

Y, por supuesto, ahora tenemos el temible sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) que ataca directamente el sistema inmunológico, haciendo que se vuelva inservible.



La más terrible amenaza: el cáncer

Aparte del sida, que es consecuencia directa de la aparición de un virus específico en el organismo, el mayor riesgo de tener un sistema inmunológico deficiente es desarrollar algún tipo cáncer.

El cáncer es la más irónica y extraña de las enfermedades. No es causada por la invasión de una bacteria, de un virus o un atacante externo (aunque en algunos casos hay factores externos identificables, como los rayos ultravioleta del sol o la radioctividad), ni por el desgaste o la alteración en el funcionamiento de un órgano, sino por nuestro propio organismo, que en ocasiones enloquece de manera repentina.

Una de las razones por las que no se ha encontrado un remedio definitivo para el cáncer es que se trata de una enfermedad o enfermedades, porque hay una gran variedad de tipos muy compleja, en la que intervienen numerosos factores y resulta imposible encontrar un medicamento que los ataque a todos.

Entre 5 y 10 por ciento de lo tipos de cáncer se cree que son producidos por una fuerte predisposición genética (hereditaria). Esto es, muchas personas heredan genes que los hacen fáciles víctimas de un cierto tipo de cáncer. El otro 90 por ciento son causados por errores genéticos, que se desarrollan espontáneamente en el curso de una vida. Esto es, la mayoría de los tipos de cáncer ocurre debido a algunas mutaciones en nuestro ADN (ácido desoxirribonucleico) que se producen después del nacimiento. El cáncer es una enfermedad de nuestro ADN, la sustancia que regula el crecimiento de nuestro cuerpo y que está contenida en cada una de nuestras células.



El ADN y su importancia

El ADN es el instructivo que recibe el cuerpo cuando un bebé se forma en el vientre de su madre. Contiene información sobre sus características físicas y guía su crecimiento y cambios fisiológicas, hasta su muerte.

El ADN se hereda de ambos padres. Todos nos formamos a partir de una sola célula, resultante de la unión del óvulo de la madre y el espermatozoide del padre. En cada célula hay un juego idéntico de ADN.

A medida que nos formamos y crecemos, el ADN se duplica con cada división celular, que es lo que determina nuestro desarrollo. A la edad adulta, nuestro cuerpo contiene 75 millones de células. Esto significa que se realizan trillones y trillones de divisiones celulares en el transcurso de nuestra vida.

Las células de nuestro cuerpo se renuevan por completo, aproximadamente cada tres meses.

Cuando una célula se divide, el ADN que hay en esa célula es copiado y pasado a la nueva célula. Sin embargo, el ADN de cualquier célula puede dañarse. Esto se llama mutación y puede hacer que una célula con un ADN dañado muera o, por el contrario, se divida sin control.

Un sistema inmunológico joven y saludable puede identificar y destruir las células anormales producidas por una mutación de cualquier tipo. Pero si el sistema ya está defectuoso y no hace su trabajo, una sola mutación equivocada puede ser el comienzo de un tumor canceroso.

Si usted protege su sistema inmunológico, su ADN podrá destruir cualquier célula mutante y prevenir graves enfermedades como el cáncer.



10 pasos para mantenerse sano

1. Consuma alimentos que se sabe reducen el riesgo de contraer cáncer del estómago y el colon: brócoli, todo tipo de coles y vegetales de hojas verdes.

2. Manténgase delgada. Se ha descubierto que algunas de las células que amenazan al sistema inmunológico se encuentran en la grasa acumulada en nuestro cuerpo.

3. La gente que bebe alcohol en exceso corre más riesgos de contraer cáncer en la boca y en el hígado.

4. No fume. El tabaco es un factor de alto riesgo en muchos tipos de cáncer, especialmente del pulmón. Se ha descubierto también como causante del cáncer en la boca, en la vejiga y, en los hombres, en la próstata.

5. No se exponga al sol, sin la protección adecuada. El cáncer de la piel es cada vez más frecuente por la exposición indiscriminada a los rayos del sol.

6. Evite en lo posible el estrés. Todos los estados de angustia afectan el funcionamiento del sistema inmunológico.

7. Evite riesgos ocupacionales. no trabaje con productos tóxicos o radioactivos.

8. Tome con toda regularidad los suplementos de vitaminas y minerales que le recomiende su doctor.

9. Consuma dos excelentes antioxidantes naturales: el té verde (o negro, que es otra versión de la misma hoja) y el jitomate procesado o cocinado (salsa catsup, pasta de tomate, salsas rojas preparadas con jitomate).

10. Atienda cuidadosamente la salud de su boca. Ya hemos mencionado que algunas bacterias que provocan malestares en ella constituyen una amenaza para el sistema inmunológico.



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