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El chisme en la oficina...

Esta forma negativa de comunicación es muy común y en ocasiones resulta dañina para empleados y empresas. Aquí algunos "antídotos" para salir bien librada de los comentarios negativos
Lunes 11 de febrero de 2002 Andrea Ávila/MUJERES DE CONTENIDO | El Universal

Absorta en su trabajo, luego de su reciente ascenso en la empresa publicitaria donde labora. Dora Luz (capitalina de 31 años, licenciada en Ciencias de la Comunicación y soltera) no se percató de que ya hacía rato, su nombre estaba en boca de muchos en la oficina. Y menos aún tenía idea de la historia que la involucraba hasta que una compañera se animó a contársela: se decía que su nuevo puesto era fruto de un romance con su jefe directo (a quien Dora Luz ni siquiera imaginaba como amigo).

Aunque afligida por la situación, la joven ejecutiva se dedicó a desmentir los rumores, con cada persona que se encontraba en los pasillos, pero descuidó su trabajo.

Situaciones como ésta no son infrecuentes en los ambientes laborales, advierte Verónica Díaz, licenciada en Administración de Empresas y consultora de recursos humanos de la firma Excelencia en Medios de Capacitación. Y es que el chisme constituye una forma de comunicación, perjudicial tanto para empleados y trabajadores como para las propias compañías.

Las habladurías pueden darse de forma natural (como un simple juego de teléfono descompuesto) o ser generadas por alguno de los miembros del equipo. En ambos casos los resultados serán nocivos.

La licenciada Díaz hace una clasificación de los rumores más comunes de oficina y ofrece el antídoto contra éstos.

El chisme de cama. Es el que más se repite en un ambiente altamente competitivo y en profesiones que antes eran consideradas sólo para los hombres. "Los subalternos y los prospectos para un puesto aún suelen pensar que una mujer no tiene la capacidad o la experiencia indispensable para desempeñar una posición de responsabilidad. La única razón que imaginan para que ella ocupe ese lugar son los favores sexuales." Según Verónica Díaz, este tipo de chismes son, por lo regular, iniciados por hombres. Las mujeres -asegura- solemos ser más directas en nuestros ataques y enfrentamos los problemas de inmediato.

Antídoto: Lo ideal sería poder confrontar en público y de manera casual y amable al otro protagonista del rumor. Una frase como: "Alguien ha dicho que tú y yo tenemos una relación. ¿Te imaginas qué absurdo?" podría surtir el doble efecto de exhibir al chismoso y frenar los rumores.

Sobre errores en el trabajo. Una pésima costumbre en las empresas consiste en que, cuando algo sale mal, en lugar de investigar las causas, se busca un "chivo expiatorio" al que tampoco se te habla directamente del supuesto error. Antídoto: Realizar el trabajo en forma concienzuda y eficaz constituye por regla general, la mejor protección. No conviene hablar de situaciones personales en la oficina, a menos que vincule a los compañeros una amistad real. Cuando insinuamos que hay asuntos externos al trabajo que pudieran distraernos, prendemos un foco de alarma que atrae la atención de los demás.

Radio pasillo. A menudo los comentarios no autorizados o las meras especulaciones en torno a la situación de una compañía se derivan de la información que está al alcance de los empleados o colaboradores. Los rumores de una situación financiera difícil o de supuestos despidos generan un ambiente negativo. Los chismes de pasillo afectan a toda la empresa. Antídoto No hay nada más eficaz para crear un clima de seguridad y lealtad, que hacer partícipe al personal de lo que sucede en los más altos niveles de la compañía. Si está bien informado, no habrá lugar para chismes.

Como conclusión, las dos formas principales de atajar los chismes son: mantener buena comunicación con el equipo de trabajo y demostrar la propia eficiencia.

Y recuerde: el mejor antídoto contra cualquier habladuría (ya sea personal o profesional es la confrontación). Ningún chismoso sobrevive después de ser exhibido ante sus colegas.



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