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Siena y sus laberintos pintorescos medievales

Dividida en 17 barrios que se preparan para su tradicional fiesta del Palio
Domingo 17 de octubre de 1999 Lourdes Valencia | El Universal

A esta ciudad llegamos al caer la tarde y a bordo de un taxi empezamos el recorrido por los "laberintos", por sus estrechas calles, la mayoría de ellas peatonales y adornadas con banderas de vivos colores y con alguna figura que indica el contrade (barrio) en el que estamos y, de pronto, sin darte cuenta has subido dejando abajo barrios típicos en los que se ubican diversas tiendas que venden de todo, pero principalmente las especialidades sienesas: vino, aceite de oliva y panforte (dulce).

Es un lugar medieval donde parece que el tiempo se ha detenido y aun conserva su imagen del siglo XIV, el siglo de oro en el que su arte y economía competían con los de Florencia. Ciudad de origen etrusco que según una leyenda fue fundada por Asquio y Sennio, hijos de Remo ( hermano de Rómulo) fundadores de Roma y por ello en sus principales edificios se observa la imagen de la loba amamantando a los pequeños.

A pesar de ser una ciudad con gran afluencia turística en algunas de sus casas aún se ven sembradíos que nos dan la impresión de estar en el campo pero dentro de la ciudad, donde se yerguen majestuosos sus monumentos, mismos que confluyen en la Plaza del Campo que semeja un gran hemiciclo, con adoquines antiguos que descienden suavemente hacia el Palacio Público.

Es allí donde se lleva a cabo su fiesta del Palio, un festejo de origen medieval que se celebra el 2 de julio y el 16 de agosto y en ella rivalizan los 17 contrade (barrios) de la ciudad. Es tan importante que aun en el mes de septiembre los ganadores lucen con orgullo los colores y el símbolo de su barrio llamado pantera, oca, tartuca, torre, aquila, drago, etcétera.

En esta fiesta se realiza un desfile de trajes de época, exhibiciones de "sbandieratori", pero sobre todo la carrera de caballos dramática, intensa y muy breve, en la que no se excluyen incorrecciones y caídas estrepitosas. Nos cuentan que los ganadores luego van a dar gracias a la catedral, y mientras se realiza la ceremonia hay llanto, alegría y un pensamiento firme de que el próximo año vuelvan a ser los triunfadores.

La Plaza del Campo está rodeada de hermosas fachadas curvilíneas de antiguos palacios, entre los que se abren de vez en cuando oscuras callejuelas: los edificios, aunque pertenezcan a épocas diversas, armonizan con la arquitectura. Los cafés y restaurantes. Y por la noche es muy común que mientras algunos están plácidamente sentados en las sillas de estos establecimientos para ver la fachada del Palacio Público encendida de principio a fin, muchos jóvenes dejan su mochila a un lado, se acuestan en el piso o se sientan a beber su botella de agua o refresco de lata, muy cerca de la Fuente Gaia, adornada en otros tiempos por relieves de Jacopo della Quercia (actualmente están dentro del museo del Palacios Público), así las horas transcurren hasta que llega el momento de que las luces se apagan, indicación de que es hora de volver al hotel y emprender la caminata.

Las tiendas que están cerca de este lugar venden artículos de cerámica que mucho nos recordó la talavera de Puebla, por su forma artesanal en la que se realiza. Hay infinidad de lugares para comprar el llamado "panforte", que no es otra cosa más que un exquisito dulce de almendras que anteriormente sólo se hacía en la víspera de Navidad, por el jengibre y algunas frutas que lleva, pero ¡gracias a Dios! ahora se prepara durante todo el año y así aquél que visita Siena no puede estar aquí sin haberlo probado.

En estos mismos establecimientos ya puede ver botellas de vidrio soplado propias para guardar el aceite de oliva o el vino, dicho de esta manera no tiene nada de especial, pero si le dijéramos que todas tienen un diseño para recordar la llegada del año 2000, la cosa cambia, lo malo es que a la vista parece tan frágil que esa emoción se apaga al pensar que se pueda romper durante el viaje de regreso.



Algo del Palacio Público

En él residieron las principales autoridades de la ciudad, pero actualmente se encuentra el ayuntamiento y el Museo Cívico y mientras uno recorre su interior, no le extrañe que detrás de alguna de las puertas que permanecen cerradas, estén trabajando los legisladores... o que en una de sus salas una joven pareja esté esperando para contraer matrimonio civil, porque bajo este recinto aún se celebran estas ceremonias. Por cierto que aquí los futuros esposos pueden unirse solamente por el civil o el religioso, cualquiera de estas celebraciones es válida.

El museo tiene frescos de diversas épocas y llama la atención el de Ambrogio Lorenzetti que describe los efectos del "buen y mal gobierno", ambientados por una pintoresca Siena medieval. Hay otras salas que muestran bronces, cerámica y monedas.



Catedral

Para visitarla hay que llegar antes de las nueve horas e inmediatamente formarse para poder entrar. En el piso de este recinto se encuentran 56 recuadros que representan escenas sacras y profanas, realizadas en el siglo XIV, pero como se pueden deteriorar permanecen tapadas durante casi todo el año, y solamente una semana en el mes de septiembre se descubren para ser admirados por propios y extraños. Si uno entra sin una guía, dentro hay "aparatos" que tras una monedas le darán una explicación de acuerdo al idioma elegido.

La fachada con sus tres portales románicoïgóticos es obra de Giovanni Pisano, hay una rica decoración escultórica; los mosaicos de las cúspides son del siglo XIX.

Su interior es amplio y sugestivo, está dividido en tres naves por pilares a franjas blancas y negras; la espléndida solería de mármol está formada por cuadros taraceados o con dibujos esgrafiados que describen Episodios Bíblicos, hay una gran librería que vende todo lo que uno quiera saber referente a este lugar.



Visita obligada

Es la que uno tiene que hacer en la iglesia de Santo Domingo, en cuyo interior se encuentra un fresco que representa a Santa Catalina, que se cree es en realidad el verdadero retrato de Santa Catalina de Siena (copatrona de esta ciudad). Hay una capilla dedicada a la santa a la que se accede fácilmente y dentro de ella está el relicario con la cabeza momificada de la santa..

Incluso uno puede seguir por estrechas calles, subir escaleras, bajar pendientes y todo porque esta es la "Vía Santa" o los caminos que recorriera Santa Catalina... Al final de ellos está la Fuente Branda, por encima de la cual se recorta la iglesia de Santo Domingo. Hoy la casa en la que nació es un santuario cuyas religiosas decidieron que debía instalar a un lado un hotelito, muy concurrido y con todo lo necesario para pasar horas de meditación y recogimiento si uno quiere.

En el santuario se ubica un atrio con galería que conduce a la iglesia el Crucifijo donde se conserva el crucifijo del siglo XIII ante el que la santa recibió los "estigmas".



De su gente

En la quincena del mes de septiembre los jóvenes retornan a clases. Hay una escuela específica para quienes son sieneses y otra para los extranjeros que en su mayoría vienen de los países asiáticos a instruirse. Todos ellos se transportan en bicicleta porque la mayoría de las calles del centro están cerradas al tráfico. No le extrañe ver a alguna jovencita que llega a tomar clases con todo y el bebé.

El turismo está presente todo el año, sobre todo en el verano, ya que al caer el otoño el viento, la lluvia y el frío se empieza a sentir.

En los hoteles siempre encontrarás un mapa que te ubique a dónde ir y qué visitar.

Lo mejor que puedes hacer es emprender la aventura por tu propia cuenta y así caminarás más de cuatro horas, pero irás a lugares poco conocidos, lejos de tantas explicaciones que se repiten como un disco rayado y a fuerza de oirlas te vuelves una experta y conoces todo sobre el Palio, los monumentos, los Médicis, los museos, la catedral y las iglesias.

Esta ciudad es para quedarse, vivirla, sentirla y disfrutarla no un día, dos o tres, sino una semana para recorrerla palmo a palmo y conocer todo lo que son sus artesanías, su gastronomía y, desde luego, sus vinos, cosa que podremos hacer sin tener que cruzar el Atlántico, ya que El Palacio de Hierro celebrará todo un Mes de la Toscana en México.



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