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México y Chipre viven en su corazón


Viernes 30 de noviembre de 2001 Sonya Valencia/ACTUAL | El Universal



Esta mexicana es la esposa del embajador de ese país y habla griego a la perfección.



Sonya Valencia ACTUAL Luego de haber radicado en Chipre, Grecia y Sudáfrica, se sintió feliz cuando su marido fue destinado a México, donde residen todos los parientes de ella.

El 19 de marzo de 1987, la joven Claudia Nolasco, nacida en el Distrito Federal, asistió a una recepción en la embajada de Grecia, invitada por amigos que a la vez lo eran de Antonio Toumazis, primer secretario de la embajada de Chipre en México y quien se contaba entre la concurrencia.

Claudia está acostumbrada a los ambientes internacionales: había estudiado historia del arte en París e idiomas en Canadá.

--En 1988, un año después de conocernos, Antonis y yo empezamos a salir --platica-- y a los 11 meses nos casamos.

Tres años más tarde, en 1991, mi esposo fue llamado a Chipre--. Sin embargo, los dos hijos mayores de la pareja, Andreas y Alixis (por cierto gemelos), nacieron en la capital mexicana. La tercera lo hizo en Johannesburgo, Sudáfrica.

La señora de Toumazis agrega que, cuando emprendieron el viaje a Chipre, ella tenía mucho interés en aprender griego y lo llegó a dominar de tal modo que cuando su marido fue enviado a Sudáfrica, donde hay una comunidad griega muy numerosa, quienes la trataban creían que era chipriota.

De aspecto franco y agradable, casi sin acento extranjero, el embajador Toumazis se suma a la conversación. Ellos habitan una moderna residencia en Lomas de Chapultepec, con amplios jardines llenos de flores. En el recibidor observamos una colección de objetos que nuestros entrevistados trajeron de Sudáfrica y, en la sala, algunas pinturas hechas por la propia señora Toumazis, al igual que unas lámparas elaboradas por la madre de ella, quien realiza trabajos de porcelana.

El señor Toumazis refiere que conoció nuestro país en 1986, cuando vino en calidad de primer secretario de la embajada de Chipre. Egresado de la carrera de Derecho por la Universidad de Atenas e hijo de un médico, optó por el servicio exterior.

--Estoy consiente de lo desconocida que resulta para los mexicanos la República de Chipre --dice y menciona algunos datos sobre su patria: ---Es la tercera isla más grande del Mediterráneo y su población, de 800 mil habitantes, está compuesta por 82 por ciento de griegos y 18 por ciento de turcos. Su cultura es griega y su principal fuente de ingresos está en el turismo: cada año recibe a 4 millones y medio de visitantes, entre ellos varios mexicanos que llegan en cruceros.

Apunta que, desafortunadamente, se habla de su tierra por el problema político que la agobia: desde 1974, la tercera parte de su territorio se halla bajo la ocupación de los turcos. --Yo tenía 16 años cuando ocurrió la invasión -relata--. Como mi familia vivía en la zona invadida, tuvimos que huir al territorio libre de la República de Chipre. Todavía me acuerdo del temor que me causaba oír los aviones bombarderos y el estruendo de las bombas al caer.

El embajador Toumazis recuerda sus primeros tiempos en nuestro suelo. --En aquel entonces yo no hablaba nada de español, de manera que, por ejemplo, ir al súper era un martirio. Como no entendía nada, siempre compraba lo mismo: un kilo de jamón y uno de queso, para no meterme en líos. La mayoría de las veces comía en restaurantes.

Después de residir con su flamante familia durante dos años en Nicosia (la capital chipriota) y otros dos en Atenas, a nuestro entrevistado se le designó, en 1995, representante diplomático en Sudáfrica.



La belleza de África del Sur

Claudia Nolasco de Toumazis confiesa que se enamoró de la República Sudafricana, donde residieron por cuatro años. -Johannesburgo se parece mucho a ciudades de Estados Unidos, con mucha vegetación, enormes edificios y la mayoría de la gente establecida en los suburbios. Ya que sobra el espacio, las casas solas son inmensas--. Allá nació Daniela, su tercer vástago.

La señora Toumazis nos cuenta su impresión del paseo que realizaron el célebre desierto del Kalahari: --Fuimos con algunos amigos y nos hospedamos en unas cabañitas. Nos levantábamos entre las cinco y media y las seis de la mañana, para, a bordo de una camioneta especial para safaris, ir a contemplar a los animales, que viven allí en su estado natural. Por cierto, los amaneceres eran muy similares a los de la película El rey león.

Interviene el embajador: --Lo maravilloso de aquellos amaneceres radica en que confieren a la arena del desierto, a las dunas concretamente, un color como anaranjado. Además, cuando llueve, ese desierto se cubre de verde y se llena de flores, unas flores silvestres grandes, de colores brillantes como rojo, amarillo y morado.

Y prosigue: --Asimismo, de pronto cruzaba la carretera una serpiente y el vehículo se detenía para que la viéramos. Nos impactó escuchar el rugido de los leones y nos tocó atestiguar cómo una chita cazaba un venado. pasábamos horas enteras mirando a los animales y los atardeceres. Por las noches, en la cabaña, asábamos carne y admirábamos las estrellas.

Por la globalización se sabe mucho de México en Chipre. "De hecho, las mentalidades de ambos pueblos son muy parecidas".



Las dificultades del cargo

Las tareas de un embajador son como las de cualquier empresario, expresa el señor Toumazis, quien representa a Chipre en otras 12 naciones de Centroamérica (excepto Belice y Honduras) y Sudamérica hasta Bolivia. --Esto se debe --nos aclara-- a que, cuando se abrió la embajada en México en 1980, este país era el único democrático (en todos los demás había dictaduras) y el mayor de todo ese bloque.

Él ha visitado casi todos los estados de la República y ha cuidado que haya presencia chipriota en diversas ferias: hace poco, en la de Puebla se mostraron vinos y quesos de allá.

--Tratamos de fomentar el comercio entre ambos países. México nos exporta varios productos, como la cerveza Corona, vidrio, artesanías, materias primas, maquinaria...

Si acaso le encontrara algún defecto a su profesión de diplomático, Antonis Toumazis señalaría la imposibilidad de echar raíces. -Cuando uno es soltero todo está bien, resulta divertido --acepta--; pero con familia, se dificulta; los niños sufren porque dejan sus escuelas, a sus amigos, los lugares que les gustan, donde vivieron durante cuatro años.

Por su parte, Claudia expone que su papel como esposa de embajador le encanta: --Convives con mucha gente y haces amigos para toda la vida y en todo el mundo.

El señor Toumazis añade que en Chipre los empleados públicos se jubilan a los 60 años de edad. --Cuando esto suceda voy a disfrutar la casa que compramos allá, aunque por la nacionalidad de mi esposa, también México es como mi patria --remata.



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