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Juegos eróticos


Domingo 11 de noviembre de 2001 Arturo Fragoso/?Mujeres de Contenido? | El Universal

l juego erótico puede darle infinidad de variantes a la relación sexual -explica Enach Alvarado López, autor del libro Guía del perfecto amante (Planeta, México, 1999)-. Haría que todas las noches fueran diferentes sin cambiar de pareja ni buscar prácticas sexuales "exóticas"; además, sería uno de los vehículos para dar salida a las fantasías eróticas". Nuestro entrevistado agrega que por lo regular los adultos suelen saltarse la etapa de seducción y de jugueteos para iniciar de inmediato la relación sexual, como si tuvieran prisa. "Gracias al juego erótico se logra tal intimidad con la pareja que el coito puede ocurrir de una manera más natural y agradable, señala Enoch y prosigue: Mi sorpresa ha sido mayúscula al descubrir que las mujeres son quienes más lo proponen a sus compañeros; cuando descubren el potencial de su sexualidad, ellas no conocen límites."

El juego erótico puede empezar, sin que los involucrados se percaten, desde el acto de desvestirse: la mujer puede pedirle al hombre que se desnude para ella, o viceversa. Sin embargo, advierte el señor Alvarado López, el miedo paralizante puede presentarse cuando se trata de llevar a las práctica variantes más atrevidas. "Muchos hombres todavía no pueden quitar a su compañera la sacrosanta etiqueta de madre y, a su vez, algunas mujeres temen tomar la iniciativa para evitar las suspicacias del marido sobre: "¿Dónde aprendiste eso?". Según Enoch, la solución consiste en "calibrar" a nuestra pareja: dar un paso y observar su reacción antes del siguiente, sin olvidar que en estos casos el lenguaje corporal posee mayor importancia que el hablado.



Para comenzar

Enoch asevera que un masaje puede culminar en una relación sexual: "Se puede principiar en una zona `inocente` (como el cuello y la espalda) y rozar por `accidente` otras partes. Lo anterior puede justificarse mediante un: `Perdón, ¿te lastimé?` o `¿te ofendí?` Si la respuesta es negativa, seguiremos adelante". Pese a ello, la represión sexual de alguno de los miembros de la pareja puede ser tan intensa que podría escandalizarse: "En estos casos difíciles conviene que la pareja se acerque suavemente, como `sin querer queriendo`", aconseja el experto.



Algunos tipos para dar masajes

Según el autor, cualquiera de las integrantes de la pareja puede practicar las sugerencias que se indican a continuación, si bien en este caso se han adaptado para nuestras lectoras.

La actitud que tengan al aplicar el masaje será transmitida a su compañero, de modo que esfuércense en olvidar las prisas, tensiones y preocupaciones.

De ser posible, masajean al ritmo de música suave: clásica ligera, new age, baladas o erótica, al gusto de él.

Enciendan velas aromáticas o incienso para crear un ambiente propicio.

Desconecten el teléfono y cerciórense de que nadie los interrumpirá.

Usen luz indirecta (una lámpara de mesa, por ejemplo); no la del techo.

Cierren puertas y ventanas para evitar las corrientes de aire.

Utilicen un calefactor cuando haga mucho frío.

Desnude a su compañera completamente y desnúdese ustedes también bien, vistan ropa holgada y fácil de lavar.

Quítense anillos, reloj, esclavas y cadenas, y lávense muy bien las manos antes de empezar.

Empleen aceite especial para masajes o aceite para bebé.

Coloquen una toalla o sábana sobre la cama para evitar ensuciarla.

Unten un poco de aceite en sus manos y frótenlas para calentarlo a la temperatura corporal. No apliquen el aceite directamente a su compañero.

Trabajen de los pies a la cabeza.

Realicen cada movimiento de 10 a 15 veces.

Procedan simétricamente (un pie y en seguida el otro, una pierna y la otra, y así sucesivamente).

No rompan el contacto. Mantengan una mano (al menos) todo el tiempo sobre el cuerpo de su pareja.

Conserven un ritmo lento y sostenido; no lo cambien.

Apliquen presión suave sobre los huesos y fuerte sobre los músculos.Imaginen que están modelando el cuerpo de su pareja para imprimirle la figura ideal.

Animen a su compañero a que les diga dónde hacer mayor o menor presión y dónde repetir un poco más.

Caricias lúdicas El libro de Enoch proporciona varias clases de juegos con diversas finalidades: para favorecer la intimidad entre la pareja, con propósitos de excitación o por simple diversión.

El pollito. Se trata de un juego de exploración en el que se finge ser un pollito perdido en busca de su casa. Las patitas del pollo pueden ser los dedos de ustedes y el pico, pequeños pellizcos en todo el cuerpo de su pareja. Inventen una trampa cualquiera: por ejemplo, el pollito que busca maíz para comer (lo encuentra en los diversas partes de la anatomía y allí da sus picotazos).

Olimpiada de ratones. Consiste en jugar con los dedos de las manos sobre la espalda de su compañero y realizando los movimientos que uno o más ratones harían si compitieran en algún deporte.

Su pareja intentará adivinar de qué deporte se trata sólo a partir de sus sensaciones. Empiecen con los deportes más fáciles: carreras con o sin obstáculos, salto triple, etcétera.

El recado. Sobre la espalda de su compañero, escriban una frase carta usando un dedo. Permitan que él adivine cada letra o palabra y luego pasen a la siguiente. Si falla, repítanla acentuando los rasgos. Incluyan los signos de puntuación. Los puntos y dos puntos pueden ser un buen pretexto para un piquete de costillas.



Excitantes

Caricias con objetos. Cualquier cosa a la mano puede servir para estimular a su pareja: un pañuelo, una toalla, un peine, un cepillo. Por supuesto, si el objeto es duro o rugoso deben tener mucho cuidado para no lastimarlo. Algunos elementos ideales para acariciar son los pañuelos de seda o algodón, terciopelos, plumas, la borla del talco, las cerdas de un pincel, las esponjitas que se emplean para distribuir el maquillaje y los cordones. Desnúdense y siéntense uno frente al otro. Con una mano tapen los ojos de él mientras que con la otra acaricien su cuerpo con el artículo elegido.

Una caricia helada. Colóquense un hielo en la boca semiabierta y recorran con ella el cuerpo de su pareja, dejando que el hielo escurra. Lleven el hielo al vientre, los pezones, la parte interna de los muslos, la espalda (a la altura de la cintura) y detrás de las rodillas. El aliento. Este juego podría ser el colmo de los juegos eróticos: ¡ni siquiera tocan a su compañero! Soplen alternadamente aire caliente y frío sobre el cuerpo desnudo de él. Prefieran los puntos más sensibles, como detrás de las rodillas, los pezones y la nuca. Para aumentar la sensación, mojen con la lengua el área antes de soplar.

El juego erótico se ubica a medio camino entre la seducción ("el arte de hacer que la mujer o el hombre desee la relación sexual", que empieza desde darle los buenos días a la pareja) y la relación íntima, asegura Enoch Alvarado López, autor de uno de los best-sellers de los últimos tiempos en México: Guía del perfecto amante .



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