“La pesquería, al garete”
Alberto López Corresponsal
El Universal

Viernes 09 de enero de 2009



SALINA CRUZ, Oax.— La voz quebrada, el rostro fruncido y el índice en alto, muestran la tristeza y rebeldía que consumen a don Marcial Hernández: “Me duele ver a mis compañeros jodidos, que no tienen ni para comer”, susurró.

A los 76 años, don Marcial recordó que fue la política privatizadora, que se agudizó en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, la que colocó a la industria pesquera “al garete, sin rumbo y sin timón”.

Sentado en una mesa junto al muelle, al lado de otros pescadores de su generación, jubilados todos, dijo que “los gobiernos priístas y panistas le dieron al traste a la pesca de altamar y ribereña del país”.

“Desde 1959 y hasta 2003, fui capitán de un barco de la Cooperativa Progresista Istmeña y nunca entendí por qué el gobierno nos abandonó tanto, que si ahorita voltea, verá puros pescadores viejos, porque los jóvenes emigraron en busca de empleo”.

A don Marcial le tocó ver, en el gobierno de Zedillo, la desaparición de la banca de desarrollo. “De pronto cerraron Banpesca y fuimos víctimas de la usura bancaria”, añadió.

“Todo mundo quedó a deber por los intereses y la baja producción de camarón, pero esa escasez se debió a la alta contaminación de Pemex”, terció don Pedro Muñoz Rito, un pescador con 61 años de experiencia en la flota camaronera.

Después que cerró Banpesca, vino el cierre de la comercializadora Ocean Garden (era paraestatal), la que “nos pagaba por adelantado 85% de la producción. Después quedamos en manos de los coyotes que se llevaron las ganancias”, añadió.

País de litorales, consume mojarra china

A lo largo de sus 44 años como capitán de una embarcación, don Marcial vio además cómo el gobierno de Zedillo provocó el cierre de plantas congeladoras, talleres y astilleros del puerto.

“Entonces, la pesca, la industria que tenía la función social de llevarle pescado y camarón barato a los pueblos indígenas de Oaxaca, se vino a pique. Ahora veo que en el estado consumimos mojarra procedente de China”, dice decepcionado.

La tristeza que revela don Marcial se trasluce detrás de los cristales de sus anteojos.

Rebeldes lágrimas asoman. “A mi esposa le hubiera gustado protestar a mi lado, pero ¿sabe qué?; está recién operada. Espero que mejore y entonces aquí estará”, señaló.



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