‘Robocop’ huye de Tijuana
Julieta Martínez Corresponsal
El Universal

Miércoles 03 de diciembre de 2008

Al ex titular de Seguridad Pública local le tomó por sorpresa su remoción

 

TIJUANA, BC.— Aquel 27 de noviembre de 2007, Jesús Alberto Capella Ibarra, entonces presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Baja California, se libró de morir a manos de un grupo armado que desde la banqueta disparó al interior de su casa, ubicada a pocos metros de unas instalaciones de la Procuraduría de Justicia y de la Policía Municipal.

Era la madrugada, el ruido de unos vehículos lo despertó y adivinó el peligro. Bajó a la primera planta de su hogar, tomó un arma que había dejado uno de sus escoltas y subió de nuevo a su habitación y se hizo de otra, descendió otra vez y se refugió tras las escaleras; abrió fuego todo el tiempo.

Disparaba desde distintos ángulos con el ánimo de repeler el ataque, a grado tal que los sicarios pensaron que no estaba solo. Resultó ileso, y lo empezaron a llamar el Robocop tijuanense. Unos días después, el alcalde electo, Jorge Ramos Hernández (PAN), lo nombró secretario de Seguridad Pública, cargo que ocupó un año, ya que el lunes fue destituido.

Pero si sobrevivió al atentado, el ex funcionario de 37 años no pudo evitar sucumbir a la escalada de violencia en esta frontera, con 40 ejecuciones el fin de semana pasado. El edil de Tijuana consideró que la situación amerita decisiones drásticas, como la militarización de la policía municipal, por lo que en lugar de Capella nombró a un militar que era el director de la corporación.

En entrevista con EL UNIVERSAL, tras ser relevado justo al día siguiente del hallazgo de nueve cuerpos decapitados en una colonia de la delegación de Cerro Colorado en esta frontera, el ex funcionario dice sentirse vulnerable, por lo que anuncia que dejará la ciudad. Aunque el alcalde panista le ofreció mantenerle una escolta, “me siento desarmado porque no es suficiente”, dijo.

Su sucesor, el teniente coronel Julián Leyzaola Pérez, y el nuevo director de la Policía Municipal, el militar Gustavo Huerta Martínez, tendrán que ser ratificados por el cabildo esta semana, pues actualmente son encargados del despacho por disposición del alcalde.

“Que Dios los bendiga”

“Desde el viernes esto fue una locura, pero bendito sea Dios, ya salimos y con la conciencia muy tranquila. Me voy de Tijuana, que Dios los bendiga e ilumine a los tijuanenses para que apoyen a las autoridades y las presionen cuando lo amerite”. Reconoció que pese a que hace algunas semanas se sintió sin respaldo —no explicó de quién— el cese lo tomó por sorpresa.

Platicó su inquietud con el alcalde y hubo algunos acuerdos, pero de pronto el lunes se le notificó el cambio de estrategia. “Lo único que pude hacer fue agradecer la oportunidad. No soy funcionario de carrera y no estoy amarrado a un cargo. Aunque ahora sí puedo decirte que soy un perito en la materia y explicarte por qué no funcionan las cosas”, advirtió.

Mientras el alcalde explicó que la medida obedece a una estrategia de recuperación de la ciudad con hombres íntegros del Ejército, el activista-empresario justificó no haber logrado erradicar la violencia de Tijuana como lo supuso desde la trinchera social.

Advirtió que la encomienda “no fue un juego de niños ni enchiladas”. Incluso hoy está en riesgo, “porque cuando sales de un cargo como éste te vuelves muy vulnerable y por eso tendré que decirle adiós a mi ciudad, pero primero Dios, ya volveré”. No descartó retomar el activismo.

Desde el principio supo el grado de peligro que enfrentaría: “Fue un riesgo medido, no soy tan idiota como para no saber a lo que iba a enfrentarme y pasar después. Me voy tranquilo, fui responsable, honesto en la parte que me tocaba y di mi vida por la ciudad. Viví días de 72 horas, y asumí una responsabilidad que no es mía, la del crimen organizado, pero mi vida no empezó aquí ni termina aquí, aunque sí se estaba acabando antes de empezar esto”, refirió al explicar su paso por la Secretaría de Seguridad.

Ambición de poder

Para el antropólogo Víctor Clark, el relevo de Capella era necesario, pues desde el principio de la administración se percibía que no tenía el perfil idóneo para el cargo.

“Le ganó la ambición de tener un cargo y el oportunismo. Empezó como un proyecto del empresariado y terminó avasallado por la inseguridad”, sostuvo.

 

 

 



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