Víctima de abuso policial
Nurit Martínez
El Universal

Martes 14 de octubre de 2008



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Las plantas de los pies aún le sangran. Los pies le lucen entre carbonizados y al rojo vivo después de haber sido obligado a caminar descalzo a lo largo de un kilómetro sobre el asfalto caliente y las piedras. Luego, las llagas ocasionadas en ese trayecto le fueron calcinadas al calor de las brasas de las llantas que antes los maestros habían incendiado para establecer un cerco que los protegiera de la policía. Entre golpes con toletes, cascos y escudos, a Abraham lo hicieron caminar por los alambres que hervían bajo el sol de Morelos.

El error de Abraham Escorcia Beltrán, de 35 años, fue haber estado en el lugar y la hora equivocados el pasado jueves, durante el enfrentamiento de maestros y policías en la comunidad morelense de Xoxocotla. Los policías lo confundieron con maestro.

Él es un padre de familia, quien se define como una persona que “nunca me he involucrado en ningún movimiento allá en Xoxocotla. Aunque no soy originario de ahí, llevo 16 años viviendo en ese lugar y ustedes pueden preguntar, soy una persona pacífica que nunca se mete con nadie. Ahora con este movimiento de los maestros me he mantenido al margen”.

Su “error” fue salir de su casa para acudir a una clínica del Seguro Social, debido a que a su hijo de 2 años y 8 meses le había “subido la temperatura”.

Los moretones del ojo izquierdo le dibujan un gran parche. Sus movimientos son lentos, pausados por la resaca de los golpes. Al caminar coloca con cuidado cada pie. Para mostrar los estragos de la tortura a la que fue sometido, una mujer lo ayuda a develar tras las vendas sangrantes los “signos” de que “fui víctima de una violación a mis derechos humanos”.

A este hombre, para detener su apurado camino, le fue lanzado gas lacrimógeno en el cruce de la carretera a Xoxocotla.

Ahí los policías le quitaron los lentes y lo lanzaron a la carretera para después pisotearlo. Luego, lo llevaron hacia donde estaban en bloque los policías, tres de ellos le lanzaron golpes con lo que tenían: toletes, cascos, escudos, puñetazos y patadas, aderezadas con groserías y acusaciones de que era parte del magisterio. Y encima le fueron despojados 2 mil pesos y un celular.



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