“A mí me decían que los matara”
Julieta Martínez Corresponsal
El Universal

Lunes 04 de agosto de 2008



TIJUANA, BC.— Sus métodos sangrientos demuestran el desprecio que sienten por la vida, pero no la propia sino la de sus víctimas, quienes sólo representan ganancias, pérdidas o molestias: “Primero los mataba en la casa, pero se apestaba mucho”.

—¿Cuánto lleva éste (secuestrado) aquí?

—Unos tres meses.

—¿Y qué ha dicho la familia?

—Pues que están juntando el dinero.

—¿Sabes qué?, córtale una oreja y se las mandas. Si en 15 días no dan nada, mátalo.

Al afectado, un hombre plagiado, sólo le ponían un parchecito como curación. Esperaban la respuesta de su familia o que se cumpliera la sentencia de muerte, explicó el director de la Policía Municipal de Tijuana, Julián Leyzaola Pérez, al revelar algunos métodos de operación de secuestradores.

Los detalles de la persona a quien le cortan la oreja, parten de la declaración de un individuo detenido en un operativo de rescate de un secuestrado.

El hombre del testimonio admitió que ya había perdido la cuenta de los asesinatos que había cometido y reveló la facilidad con que segaba vidas, luego de que se convirtió en rutina.

Su justificación: “A mí me decían que los matara”.

En el periodo de crisis había hasta 60 personas en alguna casa de seguridad esperando ser liberadas, según testimonios de las mismas víctimas, ya a salvo.

La cabeza de la agrupación ordenó a los más violentos de sus integrantes no meterse con la gente, con la población. Les ordenaron “cero secuestros y cero asesinatos”, pero antes de que se diera ese ajuste, hubo un periodo muy violento, detalló el jefe policiaco.

Cuando al sicario o cuidador de secuestrados le ordenaban matar a alguna víctima, procuraba evitar molestias al máximo.

“Primero los mataba en la casa, pero se apestaba mucho, además es muy pesado andar cargándolos. Les ponía un tape (cinta adhesiva) en los ojos y los llevaba en un carro hasta donde los iba a matar”, reveló.

Los cuerpos luego eran localizados en los lugares que se han convertido en tiraderos, pero este caso no es el único, “agarré a varios que me dieron el mismo testimonio”, explicó.



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