![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Se volvió una odisea hallar placer en el edén |
|
Alberto Morales
El Universal Miércoles 14 de noviembre de 2007 |
|
|
|
VILLAHERMOSA, Tab.— Buscar los placeres de la vida nocturna es prácticamente una aventura en la capital tabasqueña, que desde hace dos semanas resiente los efectos de la peor inundación en su historia. Con bares, discotecas, antros, table dance y cantinas prácticamente cerradas, decenas de ciudadanos ven en la clandestinidad una opción para saciar sus deseos. Las bebidas se compran en los llamados “clandestinos”, tienditas ilegales que operan las 24 horas como si fueran dispensarios para los seguidores del dios Baco. La mayoría de los table dance más concurridos de Villahermosa, el Éxtasis, Emporio y La Quebradita permanecen cerrados, todavía con la marca café que dejó el nivel del agua. “Ahorita ta’difícil encontrar jale en el centro en la calle Prostitución, digo Constitución”. Junto al mercado José María Pino Suárez se ponían..., pero eso quedó bajo el agua, si quiere en Atasta están las casas de citas, por 50 pesos yo lo llevo”, asegura un chofer que dice llamarse Pedro. Atasta es una colonia popular al occidente de la ciudad alejada de las inundaciones. Junto a la avenida Ruiz Cortines abundan los hoteluchos de paso. Aquí con sólo preguntar se consigue sexo y droga a cualquier hora. Beverly Hills, Chicas Chicas y Estrellita son algunas de las casas de suripantas más solicitadas de la zona. “Al agua se fueron muchas” Gaby, que aparece con un vaporoso baby doll, comenta que los servicios están muy bajos, porque muchas “compañeras se fueron al agua y porque la gente no tiene dinero”, agrega. “Son 600 pesos por hora, mil por dos horas, pero si te animas te puedo hacer un descuento”, dice en tono provocador mientras se da una vuelta y balancea su cuerpo. Comenta que debido a las inundaciones en la ciudad se tuvo que salir de su casa y rentar en otra colonia, porque donde vivía el agua llegó hasta el primer piso. Asegura que su situación económica es muy precaria, pues con su sueldo tiene que pagar a la señora que le cuida de su pequeña hija, además los 2 mil 500 pesos de renta, cubrir su manutención y además cumplir con el horario de ocho de la noche a cinco de la mañana que le impone “la señora”. —¿Cómo cuánto sacas en un buen día? —Como mil o mil 500 pesos, depende, apenas llevo una salida. Esto está muerto, con la tragedia no ha venido mucha gente. Con la entrada de la madrugada, la buena fortuna también se asomará. Como hormigas los taxis comienzan a llegar con clientes en busca de cortesanas. “¡Sólo tengo dos muchachas, hoy no vino nadie”, grita detrás de una reja blanca el hombre que administra las entradas y salidas de la casucha. Gaby, originaria de Quintana Roo, dice que perdió toda su ropa, muebles, su televisión y algunas fotos de su familia, que desconoce que se dedica a la vida nocturna. “Si se enteran me matan mis hermanos; la necesidad me obligó a trabajar en esto... Con los 80 pesos que ganaba en el almacén no me alcanzaba para nada”. —Entonces qué papito, ¿vas a querer el servicio si o no?, dice en tono provocador, porque —agrega— ya empezó a llegar la clientela que viene a sacar el estrés de la inundación.
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |