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Lo amargo de una dulce actividad
Yazmín Rodríguez
El Universal

Domingo 26 de agosto de 2007



MUNA,Yuc.— Cuestión de contrastes: él y su familia, compuesta por su esposa Minerva y sus tres hijos, viven de lo dulce de la miel, ese es el sustento principal de su hogar. Ahora, pasarán el amargo trago que significan las deudas y la baja producción, y hasta es posible que sufran una nula cosecha a raíz del paso del huracán Dean por la zona sur de Yucatán, cuyo daño principal fue para la agricultura, de la que dependen miles de campesinos yucatecos.

Luis Humberto Collí Kú es uno de los apicultores locales que no tendrán más remedio que esperanzarse de la promesa gubernamental de que recibirán apoyo, tanto azúcar como otros suplementos para alimentar a sus abejas, ya que los fuertes vientos de Dean quemaron la yerba y el tajonal, por lo que difícilmente tendrán buena floración en este ciclo productivo.

Yucatán es uno de los principales estados del país exportadores de miel, sobre todo a Europa y Estados Unidos, y para este año estaba prevista una cosecha de alrededor de 13 mil toneladas de este producto.

Collí Kú, de toda su vida y aquí en su natal Muna, en donde hay el único cerro que rodea a las comunidades yucatecas, ha producido y trabajado en la cosecha de miel.

“Las abejitas son muy nobles, sirven para todo, hasta para sanar la reuma”, relata el campesino, quien dice que su padre, don Anselmo, se coloca el insecto en la rodilla para que le den dos piquetes y con eso se le quita el dolor durante cinco meses.

Relata que pese a la adversidad que enfrenta, porque perdió seis de las 20 colmenas con que contaba, seguirá en la actividad y espera que la mano generosa del gobierno llegue hasta él.

Su esposa Minerva y sus hijos, Humberto, Clara y Mine, ya le pidieron dedicarse a otra cosa, ir a vender a Mérida o bien comprar cítricos, porque son más resistentes, pero Luis Humberto Collí Kú trabaja con las abejas desde que nació.

“Soy apicultor de hueso colorado y nadie me lo va a quitar”, afirmó el hombre de campo, mientras mostraba orgulloso cómo levantó nuevamente las cajas con sus colmenas.

Algunas abejas se fueron porque cayeron los cajones, pero al menos no perdí todo, comentó resignado.

Otro hombre, Liborio Tinal, también de oficio apicultor, manifestó que algo peor que Isidore en 2002, no puede haber.

“Todavía no logramos reponernos y ya tenemos otro lío encima” comentó el hombre.

Ambos son parte de los apicultores que sufrirán por falta de floración y alimento para sus colmenas. Son de los que esperarán que la Federación declare “zona de desastre” a varios municipios de Yucatán y con esto cuenten con recursos adicionales para levantar su actividad.

Collí Kú dijo que no piensa en retirarse de la apicultura ni mucho menos emigrar. “Voy a esperar a recibir los apoyos; la apicultura es mi vida y deja buen dinero, nada más que hay que trabajarla. Hoy nos fue mal, pero no es así siempre, casi todos los días es una actividad dulce, hoy nos tocó el trago amargo”, comentó el productor.

Escena de contrastes entre el amor a la producción mielera y la necesidad familiar, pero ante todo, la esperanza de ser uno más de los productores que necesitan y esperarán la ayuda gubernamental.



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