![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| “Tienen abandonado a Xcalak, toda la ayuda es para Mahahual” |
|
Juan Veledíaz
El Universal Viernes 24 de agosto de 2007 |
|
|
|
XCALAK, QR.— En este pueblo de pescadores ni los reflectores de la televisión ni el Presidente de la República llegaron después del paso del huracán. A tres días de que los vientos de más de 200 kilómetros por hora arrastraran casas rumbo al mar y destruyeran caminos y tierras de cultivo, sus 500 habitantes poco a poco regresan de los refugios a los que fueron llevados por la Armada y el Ejército para observar lo que quedó de sus pertenencias. Pasan los días y ayer los habitantes de este poblado costero que se localiza al sur de Mahahual, la comunidad por donde entró el epicentro del huracán que quedó en ruinas, permanecían sin agua para beber, luz eléctrica y los víveres eran inexistentes. “Nos tienen abandonados, yo escuchó en el radio y todo es Mahahual, todo se lo llevan para allá y de Xcalak no se escucha nada, aquí no tenemos agua para tomar, los pozos se secaron, la comida está escasa, nosotros tuvimos que volver porque nuestras cosas, nuestras pertenencias nadie las cuidaba. Mire, aquí ni el Ejército ni la Marina han venido”, dice mientras mueve sus brazos para señalar en varias direcciones del poblado Rosalino Miravete, un pescador de 47 años que tuvo que salir desde el domingo ante la amenaza de los soldados de que sería sacado por la fuerza si no atendía la alerta. Para llegar a Xcalak hay una señalización, un par de kilómetros antes de llegar a Mahahual, que indica la ruta a seguir que comienza con un panorama de árboles y follaje derribados sobre el camino, los cuales poco a poco han sido retirados por los pobladores. A orilla de la carretera aparecen de pronto niños y mujeres que salen de unas casitas de cartón semienterradas, este lugar se llama rancho San Antonio Salado y aquí viven tres familias que suman 11 integrantes. Todos se quedaron sin pertenencias, sin papeles de identidad y a sus deterioradas viviendas se les sumó ahora la ruina que dejó Dean. Al arribar a Xcalak en el horizonte resalta el azul turquesa del mar que sirve como fondo al soleado rostro de desesperación que exhibe Rosario Ramos Cruz, un madre de familia con cinco niños, quien se pregunta por qué las autoridades no les han hecho caso, si cuando los sacaron de ahí para llevarlos a los albergues les prometieron que al volver no les faltaría nada. El centenar de casas que están regadas por la costa son de madera, algunas, no más de la mitad, están pintadas de colores como blanco, rojo, azul y verde, otras conservan sus techos de lámina y el resto muestran lo que quedó de la palma que voló ante la ráfaga del viento. “Esa casa estaba aquí”, dice don Felipe Gómez López mientras señala un hoyo a la orilla del camino, que ocupaba una vivienda de pared y techo de lámina roja que ahora aparece 100 metros mar adentro. “Esa casa era de Pachín, un pescador amigo nuestro que vino en la mañana, la vio y mejor se regresó a Chetumal. Esas paredes que se ven ahí, enterradas en la arena, eran un baño, vea cómo quedó, eso ya no sirve, el agua se tragó todo, ‘ora cómo le vamos a hacer ¿quien nos va a ayudar?”, pregunta este hombre de 70 años, jubilado de la cooperativa pesquera local. En Xcalak hay una comunidad de estadounidenses y canadienses, cuyas viviendas resistieron los embates del meteoro, y quienes también han regresado y poco a poco intentan recuperar la normalidad en este fragmento de paraíso.
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |