Formato de impresión patrocinado por


Calderón fue perseguido por las voces del dolor
Sergio Javier Jiménez
El Universal

Viernes 24 de agosto de 2007



TECOLUTLA, Ver.— La desesperación comenzó a apoderarse de cientos de personas quienes entre llantos y a gritos le exigieron al presidente Felipe Calderón les ayudara a recuperarse después de haber perdido todas sus pertenencias, no sólo aquí, también en Hidalgo, donde dos ríos se desbordaron.

Al mediodía, los cuatro helicópteros de la comitiva presidencial descendieron en un claro de Tecolutla, en medio del río y el mar.

El alcalde José Emilio Luna, con rictus de angustia, ya esperaba al presidente para decirle que 70% del poblado quedó dañado, perdieron casas y se inundaron calles y cultivos.

“¡Queremos el apoyo, Presidente!... ¡Necesitamos agua, láminas!... ¡Nos quedamos sin nada...!”, clamaban colonos de Poza Rica, primer punto de la gira, augurio de lo que le esperaba al mandatario.

En Tecolutla escuchó: “¡No se vaya... Necesitamos ayuda...”, “¡Que no la condicionen... Que no la usen los partidos!”.

La ira en Hidalgo

Horas más tarde, en Tulancingo, Hidalgo, lo esperaba una turba porque sus casas quedaron metro y medio bajo el agua: “¡Llevamos un día y nadie nos ayuda... No hay que ser...!, No se vale... No se vale... Llevamos horas esperando”, dijo una mujer antes de que el llanto le quebrara la voz.

Ayer, Calderón escuchó voces de coraje, rencor, decepción y desesperación, también voces de tristeza y de pena porque el agua les llevó su poco patrimonio.

Primero visitó Tecolutla al mediodía. Desde el aire sólo se observan pedazos de techumbres y láminas en jirones que la furia del viento arrancó.

Al bajar, el mandatario anduvo entre el lodo, las cazuelas de lo que fue una cocina y la ropa regada de una humilde familia.

Ante la desesperación de la gente, el cerco de seguridad del mandatario fue rebasado y con trabajo caminó, a tropezones, entre la multitud que le quería demandar ayuda.

Después de gritos y jaloneos, Felipe Calderón, con gorra militar de cinco estrellas, pudo salir y abordar el helicóptero que lo llevó a Tulancingo.

Al tratar de llegar a una zona devastada por el río de esa ciudad de Hidalgo, una turba intentó detener el convoy presidencial para exigir apoyo. Las camionetas aceleraron el paso y la gente, iracunda, detuvo al resto de los transportes.

Ahí se comprometió, les dio la razón y les propuso una reubicación. Es “un reto” personal, les dijo, pero también responsabilizó al gobierno de Miguel Osorio Chong y al municipal para cumplir las demandas.



© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL