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| Huracán Dean: Muestran a Calderón vida de penurias |
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Sergio Javier Jiménez
El Universal Miércoles 22 de agosto de 2007 |
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Presidente recorre zonas afectadas
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BACALAR, QR.— La tragedia familiar se extendió para convertirse en una tragedia comunitaria. Cientos de personas abandonaron sus hogares por precaución o porque quedaron destruidas las casas al paso del huracán Dean. Al atardecer de ayer, el presidente Felipe Calderón Hinojosa llegó a Chetumal proveniente de Canadá, tras interrumpir su visita oficial para arribar a esta zona y coordinar los trabajos de ayuda a la población. Al llegar, el mandatario tuvo un agradecimiento con Dios porque el meteoro no golpeó tan fuerte la región como se estimaba ocurriera. “Por su virulencia los daños afortunadamente fueron menores, gracias a Dios y gracias a la tarea oportuna que se desarrolló, no hubo mayores daños”, consideró. El gabinete de seguridad esperó al mandatario nacional en el aeropuerto de la capital del estado y le rindió parte con cifras alegres pues el saldo fue blanco. Sin embargo, media hora después acudiría acompañado de decenas de vehículos a este municipio en donde los habitantes, sin que los embargara la desesperación, comenzaron a denunciar la tardanza en la entrega de materiales para la reconstrucción. El Presidente viajó acompañado de 10 secretarios de Estado, así como los titulares de la Comisión Federal de Electricidad y de la Comisión Nacional del Agua. A Calderón lo sorprendió la noche durante el recorrido que hizo al bachillerato de este poblado, habilitado como refugio temporal. Tuvo palabras para los niños, cargó a bebés y charló con los padres de familia, quienes más allá de quejarse le relataron las tragedias que les toca vivir a diario en las comunidades pobres. Así, hubo quien le mostró a su hija con anencefalia; otro le presentó a su menor sordomudo; uno más pidió ayuda para su bebé de menos de un año que al caer de la hamaca se fracturó un brazo. Los más solicitados fueron los secretario de Salud, José Ángel Córdova, y de Desarrollo Social, Beatriz Zavala. A cada rato, el presidente pedía su presencia y les daba instrucciones para ayudar a quienes padecen esos problemas. Los daños más fuertes se registran en las pequeñas comunidades indígenas; habitantes pobres cuya lengua es el maya y que con trabajo pronuncian el español para pedir láminas y reconstruir sus casas. Más allá de la preocupación por regresar a sus casas, los damnificados le enseñaron al presidente Calderón que la tragedia de ayer es menor que la que ellos viven a diario por ser pobres.
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