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| Sin opción, tijuanenses conviven con el crimen |
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JULIETA MARTÍNEZ / CORRESPONSAL
El Universal Lunes 11 de junio de 2007 |
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Especialistas advierten que los hechos delictivos forman parte de la vida diaria de los bajacalifornianos. Alertan sobre la convalidación de dichos actos
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TIJUANA, BC.- La falta de resultados en el combate a la delincuencia organizada, así como la imposibilidad de encontrar alternativas de solución a ese problema social, ha obligado a los bajacalifornianos a convivir con hechos delictivos y adoptarlos como parte de su cotidianidad. Incluso, hay signos preocupantes de convalidación a las actividades delictivas que retribuyen alguna ganancia económica, lo que está generando una "descomposición del tejido social", alertan especialistas. El investigador de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), Vicente Sánchez Munguía, coincidió con el presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, Alberto Capella Ibarra, quien lamentó que de esta forma los hechos delictivos se han convertido en parte de la vida diaria de los bajacalifornianos. Observar actividades ilícitas que se realizan con total impunidad es una realidad diaria para la población, y es lo que le obliga a convalidarlas, consideró Sánchez Munguía, del Departamento de Estudios de Administración Pública del Colef. La venta de drogas se ha convertido en uno de los principales ilícitos con el que las familias han aprendido a convivir, sobre todos en zonas donde es ya "tradición" conseguir cualquier tipo de estupefaciente. Con indiferencia o por el temor de sufrir represalias si denuncian, familias enteras observan ese tipo de transacciones en las que la policía también forma parte por omisión o la comisión, al no atender los reportes ciudadanos. La presencia de los grupos delictivos es fácil de identificarla y su ubicación es conocida por todos, menos por las autoridades policiacas. Esto es algo que les ha tocado vivir a los bajacalifornianos y que sobrellevarlo o presenciarlo con indiferencia, se convirtió ya en parte de su vida cotidiana, señalan los expertos. Se ´blindan´ ciudadanos Es como una forma de blindaje para sobrevivir a situaciones de esta naturaleza, dijo el investigador tras explicar que hechos como estos se registraron en la época más violenta de Colombia, donde los bombazos y todo tipo de enfrentamientos eran cosa de todos los días. "Como individuos y cuerpo colectivo formamos mecanismos de protección, sobre todo en condiciones en las cuales no te queda de otra porque no tienes opciones para moverte", dijo Sánchez, quien lamentó que la delincuencia ya no tenga esos espacios, oscuros y exclusivos de antaño. Ese blindaje, agregó, llega al extremo de hacer "invisibles" las situaciones negativas; es decir, que quien convive diario con ellas ya no se percata de que existen, e incluso en algunas familias, lejos de ver con malos ojos que alguno de sus miembros comete delitos, muchas veces se benefician económicamente de ellos. "A nivel social empieza a haber riesgosamente signos de convalidación, de aceptación, como mecanismo para allegarse recursos económicos", dijo al explicar que la gravedad radica en la degradación del tejido social. De todos es sabido que la gente no denuncia muchos delitos porque no tiene confianza en las autoridades, porque intuye alguna relación de complicidad con los delincuentes y no les queda otra que "apechugar porque tiene que vivir ahí", explicó. Responsabilidades El investigador del Colef consideró que esta es una situación que se experimenta o percibe en todo el país, y es la causa de que se reclame la presencia de las fuerzas federales, pero que tiene una responsabilidad en los gobiernos estatales que no atendieron a tiempo el problema. "Es un fenómeno que está prácticamente en todo el país, por eso están pidiendo la presencia de las fuerzas federales, pero esto nos indica que las autoridades locales no han hecho su trabajo; dejaron que se pudriera el asunto y ahora claman la intervención del gobierno federal", acusó. Abundó que el resultado es que ahora, con los operativos de seguridad, las corporaciones policiacas están entre dos fuegos, porque si se corrompieron están bajo la presión de las autoridades que los investigan, o quedando mal con quienes en algún momento los contrataron. Auge en 1990 Aunque el consumo de droga en esta frontera es muy antiguo, su auge tuvo lugar en los primeros años de la década de 1990 con la llegada de los hermanos Arellano Félix, según el antropólogo Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos. El reclutamiento de jóvenes de estrato social medio y alto, que luego se convirtieron en los narcojuniors, terminó por convertirlos en colaboradores del clan; esa fue una de las primeras expresiones del narcotráfico que afectaron a la sociedad. Posteriormente vinieron las luchas por la defensa de la "plaza" ante otras bandas criminales que intentaron invadir zonas. La lucha contra la gente de Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada, del cártel de Sinaloa, sigue vigente a pesar de los supuestos golpes a los Arellano, advirtió. Las dificultades que Estados Unidos impuso al trasiego de droga con el cierre de su frontera, desde septiembre de 2001, intensificó la lucha entre los distintos cárteles, que intentaron aprovechar el incremento en el consumo de estupefacientes en México. Fue cuando inició el auge de las "tienditas", explicó Clark Alfaro.
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