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Luchan por un salario parejo
Alejandro Suverza
El Universal
Domingo 18 de junio de 2006
Estados, página 1



OAXACA, Oax.- La rezonificación en boca de ellas tiene una lógica muy simple. Su salario tiene que pasar de la zona económica dos a la tres, la de "la vida más cara", porque vivir en Tlaxiaco resulta igual de costoso que en la ciudad de Oaxaca.

Y dicen que algunos insumos resultan hasta más caros porque todo lo que se vende allá, se compra aquí y forzosamente debe haber una ganancia al llevarlo hasta allá.

Las educadoras indígenas Josefina Sarabia y Herminia Hermelinda lo aterrizan así: "Nos alcanza para comer pollo o carne de res una vez cada 15 días. Comprar jitomates, chile, frijol y el maíz para hacer las tortillas. Tenemos inconformidad porque nosotros somos los que lo hemos sentido".

Pero no sólo eso, ambas aseguran que tienen que quedarse toda la semana en Santiago Nuyoo, donde trabajan como maestras de primaria, porque no podrían pagar 100 pesos diarios. "Si vamos y venimos cada día, pues ya ni comemos", dice Herminia.

Josefina comenzó en 1989 y ganaba un millón y medio de viejos pesos a la quincena. Hoy, después de 17 años, su salario se elevó a la mitad. Herminia comenzó en 1965 como maestra con una paga de 60 pesos. Ambas ganan ahora 3 mil pesos quincenales.

"A lo mejor es un sueño, pero si pasamos a la zona tres tenemos la esperanza de que ganemos un poquito más porque a veces tenemos que poner hasta de nuestras bolsas para comprarles lápices o cuadernos a los niños porque no podemos exigirles a los padres de familia, sabemos su situación...", dice la maestra Josefina, una mujer mixteca que permanece, al igual que su compañera, en el plantón magisterial que encabeza la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Se miran preocupadas, ansiosas por exponer una situación en la que no sólo tienen que cargar con las penas propias, sino también con las ajenas, pero le hacen eco al dicho de que "las penas con pan son menos" cuando se sientan a la hora del recreo a compartir sus alimentos con sus niños.

A ambas se les nota que siempre tienen que pensar en términos económicos para llevar una perfecta distribución de sus recursos, ahorrarse los pasajes, juntar para los cursos y el material de actualización. Y se quedan mirando cuando una de ellas dice que algunos de sus compañeros en la ciudad de Oaxaca ganan un poco más.

"Por eso, siempre estamos pidiendo un aumento salarial. Se pide que sea parejo porque las cosas son igual de caras aquí y en nuestro pueblo, a lo mejor porque estamos refundidos hasta allá", decía la maestra Josefina.



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