"Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad": reclusas tabasqueñas

Adriana es una de las 107 mujeres recluidas en las prisiones del estado; Dominga está sentenciada a 47 años de prisión y Claudia dice ser inocente
Mujeres en la cárcel dicen que "todos tenemos derecho a una segunda oportunidad"
Adriana conoció en el taller de carpintería a su actual pareja, con quien tuvo un hijo, al que bautizará y llamará José Adrián, por su abuelo; quiere aprender lo más que pueda para hacer algo productivo. (FOTO: Especial)
06/03/2018
04:20
Villahermosa.
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Adriana tiene 29 años y tres hijos, estudiaba ingeniería ambiental mientras trabajaba en Petróleos Mexicanos (Pemex). Sin embargo, dice, tomó malas decisiones y hoy es una de las 107 mujeres que viven privadas de su libertad en el reclusorio femenil de la entidad.

Adriana, acusada de secuestro, asegura que en cuatro años de encierro ha aprendido a valorar la vida, esa que pasa rápido y que a veces, afirma, no apreciamos. La mujer habla desde la biblioteca del Centro de Reinserción Social del Estado (Creset) mientras carga a su bebé, a quien pronto bautizará y llamará José.

Ahora es cuando extraña más a sus dos niñas, actualmente cursan segundo y quinto año de primaria y viven con su abuela, quien se ha convertido en el motor y soporte familiar.
Adriana es una reclusa destacada porque no le dio miedo el taller de carpintería y aprendió la técnica de zentangle, dibujar a mano en madera con plumones, pintura y pinceles.

Ahí conoció a su actual pareja, con quien decidió tener un hijo. Él ya está en libertad, pero no la ha dejado, todos los domingos la visita y vende parte del trabajo que Adriana elabora para ayudar a su familia y pagar los estudios de sus pequeñas.

La joven asegura que tuvo que llevar terapias con el sicólogo para aceptar su nueva realidad, puesto que no ha sido fácil dejar a sus hijas. Ella estudiaba en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), pero, cuenta, se relacionó con malas compañías y aquella vida se acabó, ahora sólo piensa en aprender más oficios y ayudar a su familia.
 

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FOTO: Especial

 

Adriana pide una oportunidad para ella y para su pareja. La vida le ha dado un vuelco y ante la esperanza de abandonar el Creset, se prepara para afrontarla. Llora, a veces ríe, se distrae de la plática mientras arrulla a su pequeño José, a quien ella misma le construyó una cuna de madera.

“Él estuvo aquí y es la muestra de que uno tiene reinserción, aprendió a hacer cosas de madera, unos trabajos que se llaman boleados, afuera le ha costado encontrar trabajo por ser ex recluso”, dice a EL UNIVERSAL.

Las compañeras de Adriana dicen que es un buen ejemplo y las autoridades penitenciarias están sorprendidas por su deseo de aprender.

“Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad y creo que todos nos la debemos de dar independientemente si estamos afuera o adentro, todos tenemos el derecho a cambiar y aquí sí hay una reinserción, hay talleres, hay manera de salir adelante y de ser diferentes”, refiere.

El director general de Prevención y Reinserción Social del Estado de Tabasco, Arturo Maldonado Pulgar, explica que actualmente hay una población de 177 mujeres recluidas en las cárceles de Tabasco, de las cuales 107 están en el reclusorio estatal en Villahermosa. De ellas, 66 son procesadas del fueron común y 38 sentenciadas.

La reinserción social se impulsa a tal nivel que en el Creset tienen una pastelería, biblioteca y cancha techada y las mujeres eligen qué hacer con su tiempo, algunas dan clases y otras tomar cursos sobre manualidades.

Dominga. Aquí también se elaboran pelucas para mujeres enfermas de cáncer y se han entregado más de 50. Son elaboradas con cabello natural por la internas, una de ellas es Dominga, acusada de secuestro desde hace tres años con cinco meses. Originaria del municipio de Jalpa de Méndez, se desempeñaba como secretaria particular de la presidenta del DIF municipal de la pasada administración. Su destino cambio al ser señalada como presunta secuestradora y su madre, se convirtió en la madre de sus hijos: una niña de 16 años y un pequeño de 13.

Hace ocho meses como parte de los programas de reinserción, 22 reclusas recibieron una capacitación para elaborar pelucas que serían entregadas a los hospitales del estado. Con el paso del tiempo, la mujer se convirtió en la encargada de este proyecto.

“El Señor me ha dado ese entendimiento y agilidad en mis manos y en la de cada una de mis compañeras. Esta servidora ha hecho 12 pelucas, aparte, mis otras compañeras han hecho una o dos”, explica.

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Foto: Dominga elabora pelucas para mujeres enfermas con cáncer. Está acusada de secuestro. Su mamá cuida a sus hija, de 16 años, y a su hijo, de 13.
 

Frente al bastidor, afirma nunca haber imaginado que desde prisión podría ayudar a tantas mujeres, es por eso que agradece a todas aquellas personas que han contribuido a que este programa siga creciendo. Dominga tiene 35 años, es madre soltera y piensa que pronto se revertirá su sentencia. Fue sentencia a 47 años de cárcel, apeló y un juez ordenó la revisión de su caso. Ahora espera un nuevo fallo. Al igual que muchas reclusas afirma que no es culpable.

Este programa ya trascendió a otros estados, ahora las reclusas encabezadas por Dominga van a elaborar pelucas oncológicas para niños y niñas con cáncer de Guerrero, esto a solicitud de la Asociación Civil: “Cabello por Sonrisas”.

Claudia. “Soy una profesionista que toda mi vida he trabajado en oficina, por mi mente jamás pasó tocar una máquina de coser”, afirma Claudia, una de tres hermanas que se encuentran en el Crese acusadas de fraude.

Es licenciada en administración comercial y relaciones laborales. Antes de ser detenida llevaba 15 años como asesora de diferentes empresas. Lleva cuatro años viviendo en una celda, tiempo en el que ha aprendido a elaborar cojines y almohadas, inicialmente para su familia y ahora para el público en general.

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Claudia, una de tres hermanas acusadas de fraude, elabora almohadas. Antes de ser detenida trabajaba como asesora de empresas.
 

Ella no pierde la fe en que saldrá y regresará a casa con su esposo y su hija. “Por circunstancias del destino estoy viviendo esta experiencia, pero con la frente en alto de saber que estoy aquí por una injusticia”, relata. Ha pasado horas de desvelo, leyendo cada parte de su expediente y, asegura, que no hay celeridad en la aplicación de las leyes, porque sigue sin recibir sentencia. “Nos ha costado lágrimas y tristezas. Lo más doloroso de estar pasando esta experiencia es la separación familiar, el saber que ellos allá están solos y ellos sienten que yo estoy sola también”, señala.

En el reclusorio femenil se encuentran dos hermanas más acusadas también de fraude, se les ve adentro, se acompañan y su familia las visita, nos las han abandonado como sí ocurre con algunas de sus compañeras, que ya no reciben visitas.

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