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Amadea de Jesús Tolentino intenta ser fuerte, llevar su vida con normalidad, pero cada vez que el recuerdo de su hijo, Gabriel Echeverría de Jesús, se le viene a la cabeza le resulta imposible: “Perder un hijo duele mucho, pero duele más cuando le quitan la vida de manera injusta”.

La sala de la familia Echeverría de Jesús por sexto año consecutivo se convirtió en un espacio de oración. Está llena de flores, veladores y retratos de Gabriel, el joven que a los 19 años de edad murió durante un tiroteo en el que participaron policías federales, estatales y ministeriales para disuadir un bloqueo de los estudiantes de Ayotzinapa en la Autopista del Sol, en Chilpancingo, el 12 de diciembre de 2011.

A Amadea aún no le entra en la cabeza cómo fue que su hijo murió por manifestarse para pedir beneficios para su escuela. Llega corriendo a casa después de atender su fonda en el mercado local, una de las actividades que la sacan del marasmo, pero atenderlo a 100% es imposible: la diabetes que adquirió en estos últimos años la mermó físicamente.

La noticia. Aquel 12 de diciembre, Amadea estaba en su puesto, cuando recibió la noticia de que su hijo quedó muerto en medio de la autopista. A las 11:29 horas, Gabriel y unos 300 estudiantes de la normal de Ayotzinapa llegaron al punto conocido como El Parador del Márquez para bloquear la circulación de la carretera federal Acapulco-México y la Autopista del Sol.

Era la tercera protesta que hacían los normalistas para que el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero los atendiera y acordaran los beneficios que el mismo mandatario les ofreció en su única visita a la normal.

En cinco minutos, según la cronología de la CNDH, llegaron los policías federales; 40 minutos después la ministerial y al último la estatal. A las 12:20 horas se escucharon los primeros disparos, seis minutos después Gabriel y su compañero Jorge Alexis Herrera Pino estaban desangrándose.

Al bloqueo de los estudiantes, según el informe, asistieron 168 policías de las tres corporaciones, más de la mitad, 91, estaban armados. El saldo fueron tres muertos, Alexis, Gabriel y Gonzalo Rivas, el trabajador de la gasolinera; tres normalistas fueron heridos; 24 fueron detenidos, 17 de ellos fueron torturados, según la CNDH.

Por estos hechos no hay nadie en la cárcel, ningun policía fue responsable y ninguno de los mandos ha sido investigado. Los policías ministeriales, Rey David Cortés y Ismael Matadamas, que fueron acusados como autores materiales del crimen, fueron liberados después de un año y cuatro meses de prisión.

La fiscalía local, cuenta Francisco Echeverría de Jesús, el hermano menor de Gabriel, no les ha dado información desde hace cuatro años. Y el último informe se limitó a decirles que el expediente sigue abierto.

El entonces procurador de Justicia del estado, Alberto López Rosas; el secretario de Seguridad Pública Estatal, Ramón Almonte; el secretario de Gobierno, Humberto Salgado y a Aguirre Rivero, todos, están en libertad.

Incluso a Aguirre Rivero se le menciona como uno de los candidatos a diputado federal de la coalición Por México al Frente, para competir en las elecciones del próximo año.

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