Recorre Latinoamérica en su camioneta con sus 3 gatos y 4 perros

Nilsa Ovalles, de 65 años, dejó California, EU, y ahora se encuentra en Hermosillo, pero busca llegar hasta su país natal, Venezuela. Va acompañada de su familia: tres gatos y cuatro perros; recorrerán cerca de 6 mil kilómetros en una camioneta color plata
Foto: Amalia Escobar / EL UNIVERSAL
20/12/2017
19:33
Amalia Escobar / Corresponsal
Hermosillo, Sonora
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Nilsa Ovalles, originaria de Caracas, Venezuela, después de casi 40 años de permanecer en California, Estados Unidos, realiza un aventurado viaje de regreso a su país con parte de su familia: tres gatas y cuatro perros.

La mujer de 65 años, con actitud relajada camina hacia donde la lleve el viento, adelanta kilómetros sin prisas, pues no sabe cuándo llegará a su destino, luego de que atraviese seis países (México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia) con un recorrido aproximado de 6 mil kilómetros.

Su viaje lo realiza en una camioneta color plata con placas del estado de California y ahí caben todos: sus gatas Gatalea, Angelina y Camila; y también sus perros Reyna, Catalea, Sabio y Noche, este último lo acaba de adoptar, pues lo encontró en la calle, y está dispuesta a recoger otro más que se encuentre por ahí desprotegido para llenar el espacio que le dejó Tigra, una perra brava que le acaban de robar.

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La señora Ovalles luce un cabello a medio pintar asoma canas, es extremadamente delgada, y ella se siente feliz consigo misma. Su trato es muy amable.

Por segunda ocasión EL UNIVERSAL platicó con ella, después de que duró más de tres meses estacionada en el kilómetro 21 de la frontera de Nogales, donde antes se encontraba el Recinto Fiscal.

Nilsa relató que ella decidió dejar Brooklyn, California, donde vivió desde que tenía 26 años, ya que al fallecer su esposo Edward, afectado por un tumor canceroso en la cabeza, su estadía en ese lugar perdió sentido. Estuvo en Puerto Rico, regresó a Estados Unidos y no pudo adaptarse de nuevo.

Comentó que estudió dos años de la carrera de psicología en Venezuela y en Estados Unidos hizo estudios como asistente educativa, actividad en la que se desempeñó por algunos años. Con su esposo gozaron de tiempos económicos buenos, pero no supieron administrarlos.

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Relató que ha tenido complicaciones para hacer efectiva la pensión porque las autoridades norteamericanas pusieron en duda la veracidad de su esposo. Aparte, asegura que le robaron el dinero de la tarjeta donde le hacen los pagos por parte del gobierno estadounidense.

El realizar constantes trámites la mantuvo más de tres meses en la frontera de Nogales, pero un día llegó la Policía Federal y le dijo que no podía estar más en los alrededores del recinto fiscal porque ahí podían llegar “matones” y hacerle daño.

El 12 de diciembre, agentes policiacos la escoltaron hasta Hermosillo, y decidió estacionar su auto en la plaza de El Mundito, que se ubica en la calle Morelia y Jesús García. Consideró que ese es el lugar ideal para que sus "niños" salgan a buscar comida y paseen libremente.

El vehículo de Nilda está lleno de cobijas, cojines, peluches, ropa y más; en el interior conviven perros y gatos, no se pelean. Salen del auto al amanecer, juegan y solos regresan al interior de su “hogar”.

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Se encuentra en condición de indigente, pero tiene suerte porque muchas personas se le acercan, le dan dinero y comida, tanto para ella como para sus mascotas. Incluso, tiene su automóvil estacionado a unos metros donde se encuentra la Casa Amiga Albergue Humanitario, donde por diez pesos diarios les dan cena y un lugar para dormir. Ella sólo va a cenar y regresa a pasar la noche con sus animales.

Nilsa estaba formada para recibir alimentos del albergue, pero al acceder a la entrevista se separó del grupo para que cerca de una decena de personas en condición de calle no se sintieran incómodos o que después la rechazaran.

“Gracias a los mexicanos tengo que comer. Aquí dan mucha comida, eso me permite guardar un poco para el otro día o compartir con mis niños”, aseguró.

La mujer ha rehusado ayuda para quedarse en un albergue porque no aceptan a sus mascotas, por eso sólo hace pausas y disfruta de la aventura. “Espero que la hazaña no sea tan dura”, dijo y luego sonrió.

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afcl

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