Pescadores de tiburón retaron al mar por necesidad; no volvieron

Ocho pescadores de tiburón en Chiapas salieron al mar pese a las advertencias de mal tiempo. En alta mar enfrentaron vientos de 70 kilómetros por hora y olas de hasta cuatro metros. Sólo uno volvió
Los pescadores navegan en lanchas fabricadas con fibra de vidrio, que son frágiles frente a los fuertes vientos y el oleaje alto (FOTOS: MARÍA DE JESÚS PETERS. EL UNIVERSAL)
01/02/2018
09:00
María de Jesús Peters
-A +A

[email protected]

 “Nos estamos hundiendo, la lancha se fue en picada, ya no podemos hacer nada”.

Esa fue la última conversación por radio que Ovidio Quintanilla Fuentes tuvo con Bellarmino Rodríguez Beiza, el dueño de la lancha en la que salió a pescar.

Ovidio estaba en alta mar, era el 1 de enero y no volvió más.

Ovidio Fuentes, de 44 años, iba en una lancha marca IMEMSA rotulada con el número 9, junto a Luis Javier Gómez Ozuna, otro pescador de tan sólo 22 años.

Los dos hombres zarparon de la comunidad pesquera de Costa Azul, en el municipio de Pijijiapan, 118 kilómetros al sur de Tuxtla Gutiérrez.

Zarparon para más tarde encontrarse con vientos de hasta 70 kilómetros por hora y olas de entre dos y cuatro metros de altura en mar abierto, de acuerdo con Feliciano Celaya Hernández, presidente de la Sociedad Cooperativa “Camaroneros de la Costa”.

“Era un viaje rápido, la pesca de tiburón había sido buena y la lancha estaba sobrecargada de producto… ya no les dio tiempo de tirar la carga, porque la ola y el viento hundieron la lancha”, explica Celaya Hernández.
pescadores_3.jpg

Celaya Hernández dice que Ovidio, quien era el capitán del bote, logró comunicarse con él en dos ocasiones.

La primera, para informar al dueño de la lancha que los había sorprendido el viento. En ese momento se le indicó que tirara el producto para que lograran sobrevivir.

En la segunda llamada, Oviedo sólo alcanzó a decir que ya “era tarde”; la lancha se estaba hundiendo y ellos quedaban a la deriva a unos 70 kilómetros de la costa, en medio del mar.

Debido al mal tiempo, pasaron cuatro días para que pudieran salir a buscarlos; otros pescadores, por mar, y una avioneta del gobierno estatal, por aire. Pero ya no encontraron nada.

Como si viajara sobre las olas, la desgracia del mar llegó también a Paredón, otra pequeña comunidad pesquera, también Chiapas.

El 2 de enero, José Olver Ballinas Gómez, de 35 años, y Miguel Cirilo Vázquez, de 36, se hicieron a la mar para pescar escualo.
pescadores_2.jpg

El 21 de enero, casi 20 días después, pescadores de Puerto Chiapas encontraron a Miguel flotando, aferrado a un bidón de gasolina. De José no encontraron rastro.

Los dos hombres salieron a pescar a pesar de que el Servicio Meteorológico Nacional había pronosticado fuertes vientos, con rachas superiores a los 80 kilómetros por hora, y olas de hasta cuatro metros de altura en el Istmo y el Golfo de Tehuantepec.

Hasta el 30 de enero pasado, Ballinas Gómez seguía desaparecido, según su hermano Obeth.

Su madre, Elena Gómez; su esposa, Laura Yanet Espinosa, y las cuatro hijas que procrearon juntos lloran por su desaparición en el mar.   
 

Doña Elena recuerda que su hijo se inició en la pesca del camarón, la mojarra y la liza, en el mar muerto, es decir, en esteros poco profundos, a los 15 años.

Se casó y entonces, con más necesidades, tuvo que salir a la pesca del tiburón y de El dorado, un pez apreciado por su carne blanca.

Ambas especies se internan a más de 120 millas náuticas (unos 220 kilómetros) y hasta allá, con alto riesgo, van los pescadores por ellos.

Laura Yanet recuerda que su esposo le platicaba que el lugar a donde iban a pescar tiburón era lejano y hondo; que si una ola grande o el viento volteaba la lancha, sólo los bidones de gasolina podían salvarlos, siempre que estuvieran cerca de la playa.

“Yo le pedí muchas veces que no fuera a pescar, pero él decía que era su trabajo, que le gustaba el mar vivo”.
pescadores_1.jpg

Le pide al mar que devuelva a su esposo

Muy cerca de Paredón, en la comunidad de Boca del Cielo, María Santos Carrillo y Paulina Cruz Pineda, piden al mar que les devuelva a sus esposos.

Noé Neftalí Ibarra Castillo y Rogelio Trinidad, ambos de 52 años, salieron a la pesca del tiburón el 28 de diciembre pasado, en una lancha con capacidad para mil 200 kilos.

Según el propietario de la embarcación, Carlos Aguilar Castellano, quien es miembro de la cooperativa Bahía San Marcos, los pescadores y él pudieron comunicarse en una sola ocasión antes de perder el contacto. 
 

Le dijeron que el mar se estaba poniendo feo y que levantarían las mayas de pesca para regresar a tierra firme.

“El viento empezó a arreciar, pudimos salir a buscarlos hasta que ya habían pasado tres días, pero no los encontramos y el mal tiempo nos obligó a suspender la búsqueda”.

Compañeros de los desaparecidos pidieron ayuda y el 31 de enero despegó una avioneta de Protección Civil del Estado que no encontró su rastro.

María cuenta que su esposo Noé emigró de El Salvador hace más de 20 años, con la intensión de llegar a Estados Unidos. Pero la pesca era su pasión y decidió quedarse en la Costa chiapaneca.

“Mamita voy a salir a trabajar, primero Dios que me caiga producto regreso en dos días”, le dijo antes de irse.

“Le pedí que ya no fuera al mar, pero me dijo que iba para que el (día) 31 tuviéramos para el pollito de la cena de año nuevo y ya no regresó”, recuerda María entre lágrimas.

En la humilde vivienda de dos piezas que su esposo rentaba, construida con cemento y dañada por el salitre, María lo sigue esperando.
pescadores_6.jpg

Mientras, la familia de Rogelio Trinidad, el otro pescador desaparecido, lo sigue esperando.

Su esposa Paulina Cruz y sus hijas María Isabel, Fabiola y Dolores, de 17, 15 y 22 años, han asumido, para sobrevivir, la responsabilidad de pescar camarón, mojarra y liza en el estero, que se ubica a 200 metros de su vivienda.

Paulina dice que, junto con sus hijas, salen en su canoa a pescar en la pampa o mar muerto. A todas les enseñó su esposo, dice, mientras lanza la atarraya.

“Ha sido muy difícil. Entre más días pasan, aumenta mi desesperación, pero tengo la esperanza de que algún día va a regresar, de que el mar me lo devuelva”, dice a mujer.

La cuarta lancha desaparecida

De una cuarta embarcación tripulada por Guadalupe Lorenzana, de 33 años, y un hombre a quien sólo conocían con el apodo de El Flaco, nada se ha sabido.

Salieron a la pesca de tiburón también el 1 de enero y debieron regresar al día siguiente.

Zarparon a bordo de una embarcación de la Sociedad Cooperativa Pescadores Libres de Paredón, propiedad de Lorenzo Pérez Panamá.

La búsqueda de las cuatro embarcaciones, ocupadas por pescadores de tiburón, se suspendió debido a los vientos de hasta 70 kilómetros por hora y oleajes de hasta cuatro metros de altura, provocados por el mal clima, al que en la zona llaman “el Norte”.

La búsqueda de pescadores en la zona difícilmente se extiende más allá de una semana. Después de ese tiempo, las posibilidades de encontrar a un naufrago con vida son escasas.

Con el paso d ellos días, las embarcaciones a la deriva con arrastradas por las corrientes mar adentro y la única esperanza es que sean interceptadas por barcos mercantes que los entregan a las autoridades cuando llegan a algún puerto del país.

pescadores_4_0.jpg

Equipo de seguridad que llevan los pescadores

Los pescadores de esta zona saben que si salen al mar deben llevar un equipo que incluye un radio de comunicación con alcance de 70 kilómetros, con un costo de entre 5 mil y 10 mil pesos.

Llevan también un navegador o brújula digital que les indica rumbo, distancia y coordenadas, equipo con un valor de unos 8 mil pesos.

Además, espejos y chalecos salvavidas.

Usualmente llevan 350 litros de gasolina para navegar hasta una distancia de entre 70 y 130 kilómetros, que normalmente alcanza para dos días.

También llevan comida enlatada, agua y hielo para mantener fresco el producto.

Pero los pescadores navegan en lanchas fabricadas con fibra de vidrio, que son frágiles frente a fuertes vientos y oleaje alto; además de motores que en su mayoría son reparados o comprados de segunda mano.

¿Cuál es el sueldo de un pescador de tiburón?

El dueño de la embarcación aporta los equipos de pesca, asume gastos como el de la gasolina, comida y el hielo, con una inversión aproximada de entre 7 y 10 mil pesos por cada viaje.

Los marinos, por su parte, se encargan de la captura del tiburón, explica Celaya Hernández.

Si hay una buena pesca, los dueños de las lanchas descuentan los gastos y se reparten el 50 por ciento de las ganancias con los pescadores, que pueden recibir 3 mil pesos para cada uno.

pescadores_5_0.jpg

Si la pesca no fue buena, pueden incluso no tener nada que llevar a sus familias.

Por el mal tiempo algunos pescadores pueden pasar hasta un mes sin salir al mar, situación que complica sus vidas porque no tienen otras opciones de trabajo.

En la zona, los hombres suelen iniciarse en la actividad pesquera a los 5 años, con la captura de camarón, liza, mojarra, bagre, robalo, jaibas, entre otras especies marinas en la zona estuárica, a cinco o 10 millas náuticas: producto que es comercializado en mercados locales de Chiapas y Oaxaca; mientras que el tiburón es trasladado a la Ciudad de México.

Para la captura del tiburón, los pescadores se internan en altamar a más de 120 millas náuticas; extienden sus mayas en donde pudieran encontrarse los bancos del escualo; luego tiran los anzuelos con la carnada para pescar tiburones con un peso de entre cinco y 25 kilos.

La embarcación soporta una carga de mil 200 kilos.

Las principales comunidades que se dedican a la captura del escualo son Boca del Cielo, Playa del Sol y Paredón, pertenecientes al municipio de Tonalá.

Autoridades de Protección Civil han creado grupos de WhatsApp con las sociedades cooperativas dedicadas a la pesa del tiburón, para informar sobre los boletines meteorológicos que los alerte sobre el estado del tiempo.

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS