Historia. "La sangre salía como por manguera"

Los médicos tuvieron que unir vasos, venas, arterias, tendones, nervios y los huesos rotos
Durante primer reimplante de mano: la sangre salía como por manguera
La intervención quirúrgica de Reynaldo Reynaldo tardó 10 horas, pues los médicos tuvieron que unir vasos, venas, arterias, tendones, nervios y los huesos rotos.
21/05/2018
04:00
David Carrizales / Corresponsal
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Monterrey. Reynaldo Campos García es el primer mexicano que recibió un reimplante exitoso de mano hace 41 años en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Originario de la ex hacienda Chihuahuita, en Cadereyta, Reynaldo emigró a la capital nuevoleonesa, un mes después de casarse, cuando tenía 22 años. Buscaba algo mejor para su nueva familia y dejó atrás su trabajo de agricultor de temporal en los cultivos de maíz, caña, sandía, melón y frijol.

El campesino, ahora de 63 años, recuerda que apenas tenía una semana de haber ingresado a trabajar como auxiliar de operador de guillotina industrial en la empresa Maquilas y Servicios Técnicos, al norte de la ciudad, cuando ocurrió el accidente.

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Eran las 11:45 horas del 10 de febrero de 1977, cuando su inexperiencia y una falta de atención del operador de la guillotina se combinaron para que una filosa cuchilla para cortar láminas de acero le mutilara de tajo de forma transversal medio brazo izquierdo.

“Sólo sentí calientito, la sangre salía como el chorro de una manguera, los compañeros hicieron un torniquete para tratar de detener la hemorragia; tomé mi brazo mutilado con la mano derecha y me llevaron en un carro a la Clínica 15 del Seguro Social, la más próxima que nos quedaba.

“Me sentía débil por tanta sangre perdida, pero iba consciente. Cuando me vieron en la clínica médicos y enfermeras casi se desmayan, sólo me cubrieron con gasas y con ellas quisieron acomodar la mano mutilada al muñón del brazo y dijeron que esas emergencias ahí no las podían atender.

“Me trasladaron en una ambulancia al Hospital de Zona (Clínica 21 del IMSS). A las 12:30 ingresé al área de urgencias y una hora después me llevaron al quirófano. Tuve la suerte de encontrar a verdaderos ángeles de la Medicina, los doctores Felipe y Humberto, pues a pesar de que estaban a punto de terminar su turno a las 2:00 de la tarde, se quedaron a hacer una operación que nunca habían practicado y de la que no había antecedentes exitosos en México”.

Reynaldo supo después que la cirugía tardó 10 horas, pues requirió unir vasos, venas, arterias, tendones, nervios y los huesos rotos. Pero en medio de la tensión que implica un trabajo de tal complicación y responsabilidad, los doctores Felipe y Humberto trataban de relajar la situación con humor.

Le contaron a Reynaldo que cuando casi terminaban la operación, el doctor Humberto a manera de broma dijo: “Esto ya valió… mira, la mano se puso negra”, a lo que Felipe respondió: “Es la tuya”, y es que Humberto Rodríguez es moreno intenso.

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Agradecido con los doctores Felipe y Humberto, Reynaldo reconoce que esa sensibilidad con la que lo atendieron no está en todos los médicos, pues tres años después del accidente, en la Clínica 6 del IMSS se topó con el lado contrario al acudir a una valoración.

“Un doctor gordo me dijo: si me hubiera tocado atenderte, yo te quito la mano, te emparejo el hueso, y te pongo un gancho para no andar batallando”. A lo que Reynaldo respondió ofendido: “Pues con ese mismo gancho yo le hubiera rasgado la panza o el cuello”. Finalmente el médico lo dio de alta al determinar que el brazo tenía una funcionalidad del 75%.

Otro susto. Dos años y medio después del accidente, cuando estaba a punto de ser dado de alta, Reynaldo sufrió un accidente que pudo costarle la pérdida definitiva de su mano. Al ir con su esposa en un camión urbano a visitar a unos familiares, el operador frenó de forma intempestiva y por instinto Reynaldo se apoyó en su mano izquierda para evitar caerse y se fracturó el brazo en la parte que se había mutilado.

Fue otra vez al IMSS, los mismos médicos que hicieron el reimplante lo enyesaron, pusieron tornillos, y el doctor Felipe lo regañó amistosamente: “Cuídate, Reynaldo, porque para la otra ya no te volvemos a poner la mano”.

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