Historia. Levantan su hogar de entre las ruinas

El sismo de 7.2 dañó la casa de don Gerardo, en Huazolotitlán, y no ha recibido ningún apoyo
Desde que ocurrió el siniestro, el 16 de febrero, todos los días a partir de las siete de la mañana y hasta las seis de la tarde, don Gerardo y sus esposa, María, intentan retirar los pedazos que quedaron del adobe de lo que fue su vivienda.
25/02/2018
04:30
Lizbeth Flores/Corresponsal
Santa María Huazolotitlán.
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A  sus 75 años de vida, y bajo el intenso sol, Gerardo Hernández Martínez saca  fuerzas para remover los escombros de lo que se convirtió su hogar en Santa María Huazolotitlán, epicentro del sismo de 7.2 grados que afectó a la región de la Costa de Oaxaca.
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Desde hace una semana, todos los días a partir de las siete de la mañana y hasta las seis de la tarde, el hombre, con un semblante nostálgico, intenta quitar los pedazos que quedaron del adobe.

A su edad, rescató algunas tejas de lo que fue su techo para construir nuevamente su vivienda, una vez que retire todos los escombros; sin ayuda, hasta ahora, de ninguna autoridad estatal ni de maquinaria.
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No le queda de otra más que luchar y levantar lo más que él pueda, platica, mientras su esposa, María Gallego Marcial, lo acompaña también con su rostro invadido de tristeza.

Ambos reflejan en su mirada el dolor de aquellos momentos que vivieron en su hogar,  que a partir de  ahora sólo quedan en recuerdos.
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Aunque reconocen tener miedo por el sismo y sus más de cuatro mil réplicas, no se dejan vencer y se apresuran con las labores porque se acerca la época de lluvias y su preocupación aumenta porque ya no tienen donde refugiarse del agua.

“Yo voy, aunque sea,  hacer una casita y cubrirnos de las lluvias”, expresa el campesino en mixteco, su lengua materna.

Entre las ruinas están los bultos de maíz que cosechó el año pasado y los cuales también rescatará.  Llega la tarde, sus manos y pies revelan el cansancio, mientras él recuerda el 16 de febrero, día en que el  fenómeno natural destruyó su hogar,  del que salieron ilesos para seguir viviendo.

Su esposa, quien está enferma del corazón, barría mientras él  estaba sentado en el corredor de su casa cuando el sismo los sorprendió, el refugiarse en el patio los salvó de morir aplastados, cuenta.

Ahora, sólo les queda la cocina, construida de palos de madera, la que se ha convertido en su habitación desde hace una semana.

A su hogar no han llegado elementos del Ejército Mexicano para apoyarlo en la remoción de escombros, ni ha recibido despensas, la única ayuda fue una colchoneta.
De acuerdo con Protección Civil municipal, el temblor dañó mil 299 casas de forma parcial y 788 de forma total;  se reportan una decena de escuelas afectadas y daños en dos templos católicos.
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En la comunidad fue instalada una cocina comunitaria para la atención diaria  de 700 familias  de esa localidad.

El fenómeno natural no dejó personas fallecidas, pero sí lesionó a dos niños, de nueve y 11 años, de quienes su estado de salud se reporta estable.

Debido a la emergencia, esta semana se mantuvo la suspensión de clases, pero se prevé el reinicio a partir del lunes en sedes alternas.

En la comunidad se encuentran 30 elementos del Ejército Mexicano y brigadas del sector Salud para atender a la población, pero esto  resulta insuficiente, acusa el director de Protección Civil, Arnulfo Hernández Sánchez.

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