Cinco ancianos afectados por Cinépolis demandan justicia

Entregan exhorto al Congreso y al gobierno estatal para que intervengan en el caso
Los perjudicados reprocharon que Cinépolis se niegue a aceptar su corresponsabilidad y sólo asuma que fueron dos afectados. (ADRIANA VARILLAS. EL UNIVERSAL)
10/12/2017
04:30
Adriana Varillas / corresponsal
Cancún.
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Cinco de las más de 20 personas que fueron operadas de cataratas en el Instituto de Salud Visual (ISVI) en 2015 y que perdieron la vista o uno de sus ojos acudieron ayer a Cancún para demandar justicia, castigo a los responsables.

El quinteto fue traído a esta ciudad por la Fundación “No más negligencias médicas”, que les ha asistido desde hace dos años.

Las víctimas acusaron total desamparo, puesto que los médicos que practicaron las cirugías desaparecieron. El instituto ISVI fue clausurado por la Cofepris; la fundación Cinépolis que contrató los servicios para la operación no se hace responsable y los jueces y la Fiscalía en Quintana Roo, “tienen congelado el caso”.

El presidente de la Fundación, Fernando Avilez Tostado, informó, en conferencia de prensa, que entregaron ayer un exhorto al Congreso y al gobierno del estado, para solicitar su intervención y mediación, a fin de que se castigue a los responsables y se repare el daño a las víctimas. Asimismo, reprochó que Cinépolis se niegue a aceptar su corresponsabilidad y sólo asuma que fueron dos afectados.

Hortensia Tepal Pu, José Tomás Daniel Pech, Natividad Méndez Rejón y Alicia Brito evocaron con paciencia y dolor la tragedia que vivieron desde octubre de 2015, cuando personal del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) les recomendó e insistió inscribirse al programa de la fundación Cinépolis “Del amor nace la vista”.

Los doctores del ISVI acudieron a Isla Mujeres para realizar varios exámenes y diagnosticar desde graduaciones de lentes, hasta operaciones.

Algunos de ellos, que solo querían unos lentes, se toparon con que tenían cataratas y debían ser operados de urgencia. O al menos eso les dijeron. Entre ellos, hubo quienes se resistieron por miedo, pero fueron acosados –como Doña Natividad- para aceptar la operación.

“Me dijeron que si no aceptaba yo, iba a quedar ciega y que mis hijos no se harían cargo de mí, porque me volvería ‘un estorbo’”, recordó.

Alicia dio de baja la tiendita que atendía, José dejó su trabajo de velador; Hortensia ya no teje y Natividad ya no elabora artesanías para su venta. Todos perdieron su ingreso económico, tras perder la vista.

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