aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Una niñez trágica, fuente de su fortaleza

La ex alcaldesa de Tiquicheo luchó contra adversarios de toda índole y contra su propio destino
Una niñez trágica, fuente de su fortaleza

FATALIDAD. El ataque de octubre de 2009, en el que murió su esposo José Sánchez, ocurrió en el poblado de El Limón. (Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL )

Martes 27 de noviembre de 2012 Dalia Martínez / Corresponsal | El Universal
Comenta la Nota

estados@eluniversal.com.mx 

MICHOACÁN

Aquel 3 de marzo de 1975 hacia más calor que de costumbre y el termómetro marcaba ya 32 grados centígrados a la sombra, a pesar de que faltaban unos días para que la primavera entrara con toda su fuerza.

El clima semidesértico de Tiquicheo, en la región de Tierra Caliente de Michoacán, azotado por la pobreza y el sol inclemente, no ayudaba nada en la labor de parto que la madre de María Santos realizaba con el auxilio de una partera.

Nació en una casucha desvencijada de adobe, sobre un piso de tierra y en medio de ropas sucias, en un petate donde dormían sus hermanos, su madre y de vez en cuando uno que otro borracho que salía del bar cercano donde trabajaba la mamá de María Santos.

Con el paso del tiempo, la niña de piel blanca y ojos avellana cambió los cuadernos y los lápices por vasos de cerveza que llevaba y traía a las mesas de un bar de pueblo que olía a orines, ubicado a pie de carretera, en medio de la nada.

Tendría unos 12 años cuando se topó en el camino de regreso a su casa después de trabajar con José Sánchez, joven alto y de piel tostada que se fijó en las largas piernas y las nalgas bien torneadas que empezaban a repuntar en el cuerpo de la chiquilla de 13 años, como suelen desarrollarse las mujeres de esa región.

De ahí en adelante, los encuentros “casuales” con José Sánchez se hicieron frecuentes y ella escuchaba cosas que no entendía pero que tenían que ver con llevársela lejos, convertirla en una reina y en comprarle hermosos zapatos de todos los colores, que nunca había calzado.

Un buen día, José, a quien la fortuna comenzaba a sonreírle con el florecimiento del negocio del tráfico y trasiego de mariguana, decidió que se “robaría” a María Santos para hacerla su mujer.

Poco importaban el pasado carcelario del joven y las habladurías que se desataron en el pueblo por la relación extramarital que José tenía con la chiquilla, y, por el contario, este hecho lo alentó a ponerle de una buena vez “casa aparte”.

Primero se la llevó a Acapulco, adonde días después llegaron las amenazas del abuelo de María junto con una orden de aprehensión por el delito de estupro y secuestro de una menor.

José y María regresaron a Tiquicheo solo para anunciar que se “casarían”. La madre de María estaba feliz a pesar de que por esos días amaneció muerto don Sebastián, el abuelo, en un predio rumbo a Huetamo, donde se dijo que lo asaltaron unos ladrones de ganado.

María Santos Gorrostieta pasó de la noche a la mañana a ser “la mujer de José” una tarde de verano a finales de los ochenta, cuando el aire caliente de la zona corta los pulmones y hace pensar que el demonio trasladó una sucursal del infierno a este lugar, enclavado entre los cerros que dividen a Michoacán de Guerrero.

Por 12 mil pesos su destino cambió, y María llegó a pensar que eso fue lo mejor que pudo pasarle, pues convirtió su historia de niñez trágica en una fortaleza.

Entonces le pidió a José que la pusiera a estudiar y “se lo tomó tan en serio” que no descansó hasta matricularse en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, con sede en la capital del estado, Morelia.

Se graduó de médico general a finales de los noventas y los aprendizajes en la universidad le sirvieron para prevenir embarazos no deseados y enfermedades venéreas que José le traía de vez en vez, luego de largos días en prostíbulos de mala muerte en bares de Guerrero, Tamaulipas, Ciudad Juárez, Acapulco y otros estados de la república donde cerraba sus negocios, que implicaban traslados enormes de mariguana que iba directo a los Estados Unidos.

Con el paso del tiempo se acostumbró a ser “la otra” y procreó a sus tres hijos que a la larga presumiría por todo el pueblo José Sánchez.

Incursión en política

Tiempos de cambio soplaron en la región de todo el estado de Michoacán y este pueblo del sur, que no tiene ni 20 mil almas, no se quedó al margen.

José y su hermano Gustavo decidieron diversificar sus expectativas y vieron conveniente involucrarse en política.

Fue entonces cuando Gustavo Sánchez Chávez, hermano de José, con apoyo de éste se hizo presidente municipal bajo el auspicio del PRI, en enero de 1999.

La gente de Tiquicheo vivía con temor, pero también sabía que los únicos con el poder político y económico de sacarlos de un problema personal o colectivo, cualquiera que esté fuera, eran los hermanos Sánchez Chávez.

“Don José era temido y querido”, sintetiza una fuente cercana a la historia de la familia. No había quien no los conocería a ellos y sus andanzas. Proveían y castigaban. Ambos imponían las condiciones en esa zona agreste.

Para 2002 y ya instalado en la gubernatura del estado de Michoacán por primera vez el PRD con Lázaro Cárdenas Batel y en la presidencia de la república el Partido Acción Nacional con Vicente Fox Quesada, el PRI pierde en las elecciones locales el municipio de Tiquicheo, que pasa a ser gobernado por el perredista Juan Carranza Espinoza.

Está situación no fue conveniente del todo para los hermanos Sánchez Chávez y deciden que para las elecciones del próximo periodo del 2005 retomarían el poder para defender y fortalecer las rutas de sus negocios, que para aquel entonces ya comprendían tierras, camiones de carga y pasajeros y varias gasolineras.

En 2005 y para el periodo que concluiría en 2008, nuevamente Gustavo, hermano de José, asume la presidencia municipal de Tiquicheo con una aplastante votación a su favor de casi 6 mil votos de 6 mil 400.

La familia decidió no volver a descuidarse, pues la llegada de otro cártel de la droga comenzaba a poner en serio peligro los negocios.

Por eso también, y una vez que Gustavo concluyó su mandato, José decidió que fuera su María Santos la candidata indiscutible para el siguiente periodo municipal. Esto no gustó del todo a Gustavo, aunque aceptó sin chistar.

María, alcaldesa

Y ganó. María Santos Gorrostieta Salazar, con el ímpetu de sus 32 años y que venía de superar más de una batalla personal, se convirtió por indiscutible elección popular en alcaldesa por el PRI para el siguiente periodo 2008-2012.

Un nuevo gobierno perredista sobrevendría en el estado en 2007 con Leonel Godoy Rangel y también un gobierno panista se instaló en Los Pinos en 2006 con Felipe Calderón Hinojosa, con la salvedad de que este último no estaba dispuesto a tolerar al narcotráfico y emprendió desde el momento mismo que llegó y en el estado que lo vio nacer una guerra frontal contra el crimen organizado.

En enero de ese año (2006), Calderón Hinojosa anunció junto con el gobernador de Michoacán, Lázaro Cárdenas Batel, la puesta en marcha de una acción denominada “Operativo Conjunto Michoacán”, en que desplegaba a las fuerzas militares del Estado por todo el territorio, comenzando por Tierra Caliente, en Apatzingán, municipio vecino a Tiquicheo.

Pese a la guerra contra el narcotráfico, los Sánchez Chávez mantuvieron la hegemonía en la región y su poder sólo se veía amenazado de vez en cuando por la incursión de otro cártel vecino dentro de su territorio.

Fuera de eso, el negocio iba hasta cierto punto bien. Hasta que la división llegó y la fractura se hizo llamar “Los Caballeros Templarios”. La paz de Tiquicheo, como la de muchos pueblos vecinos, se quebró en 2008 y el ambiente de encono y violencia permeó entre los hermanos.

José y Gustavo comenzaban a tener diferencias personales, sobre todo por la riqueza que había acumulado el primero.

Cuando María Santos Gorrostieta, la mujer de José, llega a la presidencia, éste decide cambiar su testamento y pone a nombre de la alcaldesa casi todos sus bienes materiales.

El hecho termina por desatar la ira de Gustavo, al mismo tiempo que un grupo rival ya había puesto en la mira a José.

Por eso no fue extraño que a tres meses de que María llegará al poder sufriera un primer atentado al lado de su marido.

Fallaron los primeros agresores, hasta que el 15 de octubre de 2008 llenaron de tiros el cuerpo de José en lo que prácticamente fue una emboscada de sus más allegados, y María Santos quedó tirada a su lado, herida de muerte.

Demostración de fuerza

Cuando todos apostaban que no sobreviviría y sus detractores preparaban a otro alcalde, de nuevo la mujer dio muestra de agallas, y no solo se repuso rápidamente, sino que regresó al trabajo.

No obstante, un tercer ataque, justo cuando estaba en campaña por una diputación local, la hizo frenar momentáneamente su carrera.

En ese hecho de principios de 2010, nuevamente resultó gravemente herida y decidió una vez más cobrar ventaja de su adversidad y envió unas fotografías donde mostraba desde todos los ángulos posibles sus heridas, acompañadas de una carta donde anunciaba su dimisión al PRI y su adhesión al PRD.

Sin embargo, este cambio no gustó a muchos del partido de izquierda y fueron ellos quienes le atajaron el paso acusándola de advenediza.

María Santos no ganó las elecciones locales para un escaño en el Congreso de Michoacán, pero a recomendación del ex gobernador Leonel Godoy se mudó a Morelia junto con sus hijos y, ya casada con quien fuera su secretario del Ayuntamiento, Nereo Patiño Delgado, intentó comenzar de nuevo.

Apenas en enero de este año solicitó que le retiraran la guardia personal de ocho elementos policiacos que la custodiaban día y noche desde 2010. Consideró que no la necesitaba “porque no le debo nada a nadie”, dijo a su familia, y mandó a los agentes a su base.

Los tiempos cambiaron nuevamente y el PRI volvió al poder desde la presidencia y le arrebató al PRD casi todo el control de los 113 municipios de la entidad, incluyendo Tiquicheo, pero ya sin el poderío que ostentaron los Sánchez Chávez.

Todo estaba dispuesto para que hubiera calma en la familia de Gorrostieta Salazar, pero así sin más, y a plena luz del día, el pasado 12 de noviembre fue secuestrada por unos desconocidos frente a su hija menor y luego salvajemente asesinada de dos golpes en la nuca. La fueron a tirar a Cuitzeo, a unos 40 kilómetros de Morelia, donde existe un hermoso lago capaz de comerse los más atroces secretos.



Comenta la Nota.
PUBLICIDAD