QUERÉTARO, Qro.— Los habitantes de El Zapote aseguran que “los gobernantes van y los gobernantes vienen” y nadie les resuelve su principal problema: la instalación de un puente para cruzar el río que divide en dos a su pueblo.
Cada vez que llueve fuerte, como sucedió hace cinco años, en septiembre pasado y ahora, que durante tres días continuos —desde el lunes, poco después del mediodía, hasta las tres de la tarde del jueves— cayó agua, la presa se llena, se desborda y el río incrementa su caudal.
Antonino Olvera tiene 70 años de edad, los mismos que lleva viviendo en El Zapote “a un ladito del río” y dice que durante todo ese tiempo el problema nadie lo resuelve.
Platica que en septiembre del año pasado “el agua se llevó el puentecito que teníamos; lo aventó hasta allá, con todo y piedras”, al tiempo que señala hacia donde están restos del paso peatonal.
“La otra vez (en septiembre) el agua subió como un metro y ahora no pasaban ni carros ni camionetas; vaya, ni a caballo se podía pasar”. Él sabe que la solución a este problema es que hagan un puente “pero bien hecho y que ahora sí, si se comprometen, que cumplan”.
Su hijo Gerardo Olvera Palacio es de los pobladores que se quedó aislado dos días porque la crecida del río le impidió pasar. “Lo bueno —dice— es que la gente tenía alimentos; pero las afectaciones más graves fueron para 30 padres de familia que no pudieron pasar para ir a trabajar. Y otros que pasaron, ya no pudieron regresar a sus casas”.
En su calidad de subdelegado municipal, recuerda que el agua empezó a desbordarse alrededor de las seis de la mañana del martes “y antes de esa hora sale mucha gente a trabajar; cuando regresaron ya no pudieron pasar. Se quedaron con los familiares, aquí se quedaron los papás de los que viven allá arriba”.
Para Gerardo, la solución es muy sencilla: “Falta un puente y una construcción de agua potable… es lo que se requiere”.
El presidente municipal de Querétaro, Francisco Domínguez Servién, arribó a esta localidad para constatar los daños causados. Se reunió con una veintena de vecinos, a quienes prometió iniciar la construcción del puente en la primera semana de marzo, además de limpiar el cauce del río a lo largo de cinco kilómetros.
Adela Vega, quien vive a un lado del cauce del río, espera que les cumplan con el puente. “No importa que se siga oyendo re’feo cuando viene el montón de agua, con que tengamos la seguridad de que no se va a desbordar y que podamos pasar, está bien”.