COLIMA, Col.— En la entidad no ha llovido mucho, pero aun con sus vialidades asfaltadas o empedradas, el lodazal corre por todos lados.
Colimenses como don José Barragán González, quien a sus 72 años dice que votará en la sección electoral 28, en el centro de la capital, saben que la suciedad que envolvió al estado en las últimas semanas, proviene de las campañas electorales.
“No me gustó que los panistas y priístas se anduvieran tirando tanto lodo con todo. Es la primera vez que veo esa suciedad en muchos años”, confiesa don José, mientras busca en el listado la ubicación de su casilla.
Hace 20 días, los colimenses se sorprendieron con la noticia de que en los límites con Jalisco apareciera una narcomanta que involucraba al candidato del PRI, Mario Anguiano, con el crimen organizado. “Mario, jefe de jefes, los zetas están contigo hasta la muerte”, decía el narcomensaje.
La guerra sucia ha estado presente en todo su esplendor y rompió la apacible vida de los colimenses, acostumbrados al trato cordial.
“A la Iglesia católica le preocupa esa campaña, porque divide y enfada a la sociedad y debilita a los partidos”, señala el vocero de la arquidiócesis, el párroco Jesús Mendoza Preciado, mientras atestigua la graduación de presbíteros en el seminario ubicado en Cómano, cerca de esta ciudad.
Yo creo, advierte, que “gane quien gane, lo primero que deberá hacer es cerrar las heridas que dejó la campaña”.
En la capital y en los 10 municipios colimenses, la propaganda política sigue presente con espectaculares que comparten priístas y panistas desde las fachadas de las viviendas y los techos de los comercios.
En la sede estatal del PAN, donde todos corren con papeles y números telefónicos en la mano, el secretario general blanquiazul, Raymundo González, asegura que “los priístas están desesperados” y los acusa de “regalar planchas y comprar votos en Comalá, Cuahutémoc, Armería y Tecomán.
La guerra de imputaciones se impuso a las propuestas. “No recuerdo qué ofrecieron los partidos, pero se pelearon muy feo”, confesó Pedro, un bolero con 29 años en el oficio, mientras se esmera en sacarle brillo a unos zapatos en la zócalo.
En la sede del PRI, que aglutina a hombres y mujeres que serán representantes en las casillas, la confianza va de la mano con el nerviosismo.
“En Colima hubo mucho despliegue de la Sedesol, que se montó en la lista de los beneficiarios de los programas sociales para inducir el voto panista”, remata el consejero priísta ante el Instituto Estatal Electoral (IEE), Adalberto Negrete.
En la entidad no ha llovido, son días calurosos, con el cielo cubierto de pesadas nubes color gris oscuro, pero el ambiente está contaminado por el lodazal. Las heridas siguen abiertas.