RIOVERDE, SLP.— María Azucena Méndez es habitante del municipio de Rioverde, San Luis Potosí. Las últimas estadísticas de la cuarta jurisdicción sanitaria dicen que hay 35 probables infectados de influenza humana. La localidad ocupa el tercer lugar en la lista a nivel estatal. La joven tiene 19 años. Ayer fue a misa. Compartió con una afluencia considerable de feligreses el mismo espacio. No portaba cubrebocas.“No me gusta el cubrebocas, porque hace mucho calor”, explicó al salir de misa.
La joven reconoció el llamado del alcalde Daniel Nieto Caraveo, para mantenerse dentro de los hogares. De un virtual toque de queda. María Azucena, como muchos, decidió salir.
“Sí, anunció que saliéramos lo menos posible; si no teníamos qué hacer, mejor que estuviéramos en las casas”.
En el municipio de Rioverde, San Luis Potosí, los habitantes carecen de medidas para evitar el contagio de la enfermedad, a pesar de que las autoridades recomendaron, incluso, evitar salir de sus casas debido al brote.
Nieto Caraveo hizo un llamado a los pobladores para extremar medidas. Cerró la zona turística de manantiales, antros y canceló eventos públicos.
“Es un llamado de solidaridad, no es militar, pero de colaboración. Yo pienso que está funcionando. Les estamos diciendo a las familias que es un momento para convivir en casa. De estar con los hijos”, subrayó.
Este fin de semana, los pobladores salieron a las calles. La mayoría sin tapabocas. Se ofició una misa de asistencia numerosa. En las farmacias había montones de cubrebocas que podían adquirirse por cinco pesos.
“El lunes se terminaron. Luego nos trajeron un pedido de Guadalajara. Desde ayer, la venta empezó a caer. En algunas farmacias no les han traído. Aquí sí tenemos”, señaló la encargada de una droguería.
En el parque central de Rioverde se advierte la presencia de familias enteras de paseo. Descansando en alguna de las bancas y alrededor de ellos la vendimia de alimentos y frutas. Globeros, boleros y ambulantes.
Al igual que María Azucena, Francisco Rodríguez, de 83 años, originario de la ranchería Solano, dijo no temer a la influenza. “No me tapo la boca, porque no me da miedo esa enfermedad. A mí me tocó quemar caballos cuando la encefalitis en el estado, hace 40 años. Y no me tapaba con nada. Respiraba los pelos quemados de los animales. Si no me morí esa vez, ahora tampoco”.
Habitantes entrevistados manifestaron que sólo cuentan con información sobre la influenza a través de la radio y la televisión. Las calles de la ciudad carecen de carteles informativos. María Félix Hernández, señala: “El lunes pasó una camioneta nada más hablando de la influenza”.