LA PAZ, BCS.— A sus 26 años, Mario Gómez, cuando se va de fiesta con sus amigos, lo hace tranquilo, confiado, seguro de que regresará a su casa sin que en el camino de vuelta lo asalten, o se encuentre de pronto en medio de una balacera.
Vive en Baja California Sur, un estado en donde todavía el “termómetro” de la inseguridad no ha alcanzado niveles alarmantes, como en otras partes de la República. En lo que va del año, hay un ejecutado.
Tiroteos y ejecuciones, o cuerpos mutilados con narcomensajes no son noticia de todos los días aquí, en muchos casos, ni siquiera alguna vez han ocurrido.
Los jóvenes acuden los fines de semana a bares y discotecas sin temor a ser agredidos o a presenciar algún acto violento.
Mario afirma que el estado, y en especial La Paz, donde vive, “son lugares muy calmados”. Y sabe bien de lo que habla, pues vivió cinco años en Culiacán, Sinaloa, donde cursó la carrera de cirujano dentista.
Expertos señalaron que la seguridad que caracteriza a la mayor parte de la zona, ha sido posible por varios factores, entre ellos, su ubicación geográfica, la baja densidad de su población, un ritmo lento de desarrollo —apenas intenso a partir de una década— y un territorio desfavorable para el cultivo de estupefacientes.
El joven narra que junto con sus amigos, las noches de fiesta comienzan pasadas las 11 y en ocasiones no terminan hasta el amanecer “y nunca pasa nada malo”.
“En Culiacán, andar en la calle después de las 2 de la mañana, es muy peligroso. Aquí puede uno andar a las 6 y no pasa absolutamente nada”, platica.
La mayoría de la gente que radica en tierras sudcalifornianas vive tranquila. Los dos municipios principales, Los Cabos y La Paz, no han estado exentos de resentir el robo a casa habitación y a vehículos, y recientemente han aparecido delitos como secuestro.
Sin embargo, ello no ha impedido que los sábados y domingos las familias permanezcan en el malecón paceño con sus hijos jugando tranquilamente hasta pasada la medianoche.
La investigadora en historia regional, María Eugenia Altable Fernández, señala que la lejanía con el resto del país, lo costoso y complicado que resulta trasladarse hasta este lugar, ha “protegido” a la entidad de la inseguridad y la violencia que viven todas las entidades de México.
Aunque cada vez con mayor dinamismo económico y social, BCS sigue siendo un ‘pueblo chico’ y lejano, el menos poblado de México, apenas con 512 mil habitantes.