OAXACA, Oax.— El testimonio de Jesús Bolaños, quien al iniciarlo evoca el cielo oscurecido de la capital por las nubes de gases lacrimógenos, se ahoga por momentos con las ganas de llorar. “Nos echaron a los perros mientras estábamos tirados en el piso”, dice.
El profesor de primaria, dirigente en ese 25 de noviembre de 2006 de la delegación sindical D-I-27, quedó atrapado en el cerco policiaco en las inmediaciones del templo de Santo Domingo y cayó al suelo con un golpe de macana en la cabeza.
“Me fracturaron una costilla, me desviaron la mandíbula y me acusaron de prenderle fuego a varios edificios. Incomunicado dos días en el penal de Tlacolula, fue trasladado a una prisión de Nayarit, “donde nos echaron a los perros”.
Antes —recuerda— fue llevado con otras 42 personas “a una presa cerca de Oaxaca”, donde los policías amenazaron con ahogarlo “si no decía los nombres de los que financiaban el movimiento”.
A dos años de su detención y liberado el 16 de diciembre de 2006, “luego que alguien desconocido pagó mi fianza”, aclara que no piensa en la venganza, sino en la justicia.
“Exigimos castigo para los culpables materiales e intelectuales. Que no prevalezca la impunidad”, dice ahora, convertido en coordinador del Comité de Familiares de Asesinados, Desaparecidos y Presos Políticos (Cofapo).
Sorpresiva aparición
Si la historia de Bolaños la enmarcó el sufrimiento y “la angustia de mi familia”, la de la doctora Bertha Núñez se escribió a partir del miedo por las amenazas de muerte que recibió. Durante el conflicto de 2006, ella tuvo a su cargo varias emisiones de Radio Universidad, en ese entonces en manos de la APPO. Ayer reapareció de manera sorpresiva tras una larga ausencia.
“Con vergüenza vengo a decirles que me fui de Oaxaca por miedo”, dijo al tiempo de explicar que su regreso tiene el propósito de “pelear por mi libertad” después que el miedo se apoderó de todos el 25 de noviembre de 2006.
Al lado de ella, los hermanos Sosa Villavicencio, Flavio, Horacio y Érick, dirigentes de la APPO, recordaron que sus historias, nacidas detrás de frías celdas en Almoloya y Matamoros, terminarán de escribirse cuando “Oaxaca viva en paz y justicia”.