CUERNAVACA, Mor.— Lápiz en mano, Onelia Bárcenas, directora de la escuela Ignacio Ramírez López, del municipio de Jiutepec, recorre la primaria para vigilar el orden de los alumnos en sus aulas. Después de casi tres meses de protestas contra la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), la profesora ya tiene una fila de gente por atender.
Es el primer día del ciclo escolar 2008-2009, y una mujer le pide que inscriba a su hija en quinto año, otro padre se excusa con ella pues llegó 10 minutos tarde a la escuela con sus tres hijos. Otros cinco paterfamilias esperan que se desocupe para plantearle su asunto.
Luego de 57 días lectivos sin clases, los directores de las escuelas que ayer iniciaron el ciclo escolar comunicaron que para ganar tiempo y recuperar el ciclo escolar, los alumnos pasarán directamente a los salones de clase sin formación de por medio.
En la primaria Rufina Rodríguez, de Jiutepec, la puerta de acceso será cerrada a las 8:00 y se abrirá hasta las 13:00 horas. “No hay tiempo para que los niños olviden las cosas en casa”, dice la directora Hortensia.
Pero las medidas para ajustarse al calendario escolar son cuestionadas por los padres de familia. En la puerta de la primaria Lázaro Cárdenas, dos mujeres platican sobre la propuesta de que sus hijos acudan a clases en periodos vacacionales o días de asueto.
Karime Brito Bahena y Araceli Solorio Padilla manifiestan su desacuerdo “porque esperamos esa fecha para salir con la familia. Probablemente aceptemos que vengan los sábados, pero uno sí y otro no”.
Tienen derecho a opinar, dicen, pues participaron en las marchas del magisterio disidente para exigir un diálogo con el gobernador del estado, el panista Marco Adame Castillo, y solucionar el conflicto. “No queremos que se privatice la educación pública”, argumentan.
En esta escuela la coordinación entre maestros y paterfamilias funcionó: los primeros daban asesorías a los niños y las madres acudían a marchar. El lunes pasado fue su última participación, pues los educadores les dijeron que regresarían a clases por cuestiones económicas y de estrés.
Recurrieron a empeños para sobrevivir
La maestra Claudia Rebollar Estrada informó que muchos de sus compañeros vivieron casi tres meses de crisis económica. Para sobrevivir, empeñaron alhajas y aparatos electrónicos. “Un compañero me enseñó su boleta de empeño y me dijo: ‘Ni modo maestra, pero tenemos que continuar en la lucha”, recuerda la vocera del Movimiento Magisterial de Bases (MMB).
Rebollar comenta que un sector del magisterio disidente cobró dos de las cinco quincenas que duró el paro de labores y con eso se ayudaron, pero otros, como es su caso, enfrentaron la situación con el apoyo de sus parejas.