OSTUACÁN, Chis.— Doña Eloísa Ríos Ramírez se rehúsa a acostumbrarse al ambiente del refugio donde los obligaron a replegarse las autoridades del estado de Chiapas.
Pero más coraje le da el hecho de que la desplazaran de su natal Juan de Grijalva, sin permitirle que pudiera continuar labrando y cosechando su terreno.
Molesta, acusa que tampoco se le quiere otorgar una indemnización por las nueve hectáreas que allí tenían ella y sus seis hijos; al quedar viuda trabajaron fuertemente para crear un patrimonio.
Relata que parte de su predio se lo llevó el alud ocurrido el 4 de noviembre del año pasado, pero les quedó otra porción donde había una huerta y árboles maderables.
“Ni siquiera me permitieron entrar a cortar unos cedros, que es madera fina. Se los agarraron los de la Comisión (Federal de Electricidad)”, cuyo personal ordena y manda ahora en toda la zona donde ocurrió el gigantesco deslave que ocasionó durante meses el tapón al río Grijalva.
Doña Eloísa dice que en su casa criaba a sus animales de traspatio, que cuando deseaba los cocinaba para su familia; igual, para su consumo familiar sembraba maíz, frijol, hortalizas y verduras, para poder comerlos a su gusto. Incluso, se muestra reacia a comer las tortillas de harina que les proporcionan en el refugio común de los desplazados. “Me voy a casa de una señora a cocer mi maíz y elaborar mis propias tortillas que son más ricas”.
Esta chiapaneca de 49 años recuerda que junto con sus hijos, en varias ocasiones se vio obligada a realizar plantones de protesta en la zona de Juan de Grijalva, para exigir la devolución de su terreno o que le indemnicen para comprar en otra parte. “Colocaba un lazo en el camino para impedir el paso, a fin de que escucharan mi queja, pero de nada ha servido hasta la fecha”.