RANCHERÍA LA MANGA, Tab.— A sus 55 años y habitante de toda la vida en esta comunidad, doña María Amelia Angulo dice que nunca como en estos dos últimos años había sufrido de severas crecientes.
En esta época de lluvia, el río, arroyos y lagunas subían “lo normal”, pero la creciente no llegabadentro de la casa, ni se metía el agua, sostiene.
Esta mujer, que a su edad aún se dedica a pescar en tiempo de “seca”, recuerda que la gente que fundó la ranchería, era trabajadora de las tierras que formaban parte del rancho propiedad de la familia Reynes Berezaluce. Allí les dieron para vivir y allí se quedaron, recuerda.
El año pasado, cuando por primera vez la creciente la desalojó de su casa, ubicada sobre la margen derecha del río Grijalva, que permanece por arriba de su escala crítica, y entre los dos arroyos Zapotes, tuvo que vivir sobre el bordo de protección de la carretera al aeropuerto.
Refugio
En esta ocasión construyó su refugio temporal sobre el tramo seco de tierra que quedó entre la barrera de protección de la carretera y la zona inundada, un poco más cerca de su casa, para poder “ir a despachar a mis animalitos”.
Anota que el clima ha cambiado y ahora es difícil predecirlo, no como antes, cuando “conocíamos las altas y bajas. No crecía como ahora. Ahora sí nos asustó, tomó bastante corriente”.
Antes, en septiembre el agua empezaba a bordear los barrancos del río y en octubre “subía un poquito”. En su casa para esta época sólo ponían un tapanco chico, rememora.