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A CAPULCO, Gro.— Manuel Añorve trata de sonreír. Se ve nervioso pero no duda en declararse ganador de la contienda electoral por la alcaldía de Acapulco. Pasaron nueve años para que el PRI recuperara “la joya de la corona”, el principal enclave político y económico de la entidad.
Y ahí está este hombre bajito y regordete, rodeado de su familia y de su primer círculo, de senadores que viajaron a este puerto para cobijarlo. “Mi victoria es irreversible, tendré un gobierno incluyente e invitaré a cuadros y personajes de la sociedad civil a gobernar”, ataja.
Recibe llamadas telefónicas de varios gobernadores para felicitarlo, pero no la del mandatario de Guerrero, el perredista Zeferino Torreblanca, ex alcalde de Acapulco y quien en un tiempo militó en el PRI.
El candidato Añorve estrecha la mano a senadores que lo cobijaron durante todo el día, a amigos y colaboradores, y a reporteros locales que le soban la espalda. Se aparta para hablar por teléfono con Beatriz Paredes y luego con un gobernador. “Vamos a festejar a la Diana”, le sugieren.
En medio del tumulto, acepta que detrás de su triunfo están los priístas de base, pero no le desagrada que el día de la jornada electoral estuviera a su lado Manlio Fabio Beltrones, Jesús Murillo Karam, y otros 12 senadores.
En entrevista con EL UNIVERSAL, suelta: “Si el PRI quiere volver a gobernar, tiene que aprender de los errores que cometió, y aprendimos”. Anoche, en su cuartel general, esperaba la ratificación del PREP y advertía que defenderá su triunfo.