OAXACA, Oax.— Entre sábanas y cartones, bajo una pertinaz llovizna que dobla los plásticos multicolores que cuelgan de postes y paredes, la maestra Lidia Vásquez arropa con ternura a su pequeño Ernesto, quien a sus cuatro meses de nacido ya participa en su primer plantón magisterial.
“Es pesado y muy desgastante”, dice la profesora procedente de Santiago Textitlán, sierra sur, al referirse a su participación en los plantones y marchas “con hijos en los brazos”. Gasta “unos 300 pesos por día para la compra de pañales y leche”. Confiesa que es un sacrifico, pero cree que todo tiene sentido “para asegurar el futuro” de su hijo, quien duerme sobre el pavimento envuelto en cobijas blancas.
Lidia Vásquez Luis no es la única maestra con hijos que desde el sábado se pasan la mayor parte del día en permanente vigilancia al lado del hotel del magisterio, donde mil 500 delegados libran una encarnizada batalla por la sección 22 del SNTE.
A unos metros está la profesora Sonia, con sus dos hijos: Vianey, de tres años, y Ángel, de cuatro meses de nacido. “Aquí (en el plantón), se sufre mucho, pero vale la pena luchar ante la injusticia y la pobreza”. Llegó desde la Mixteca, acompañada de su esposo Francisco, quien es albañil “cuando hay trabajo”, pero “ahora vino para ayudarme con los niños que a veces se enferman de gripe”.
Las maestras que traen a sus hijos pequeños enfrentan además noches o días lluviosos o de calor. Algunas usan los sanitarios del hotel. Otras acuden a baños públicos. Todas duermen bajo plásticos multicolores.