TIJUANA, BC.— La madrugada del jueves 18 de septiembre, carrozas del Servicio Médico Forense (Semefo) acudieron por tercera ocasión en menos de una semana a la penitenciaría de La Mesa en esta ciudad. Trasladaron los cuerpos de los reos que murieron durante un motín el día anterior.
Tres días antes se habían llevado otros tres cadáveres y restos de una cuarta persona. La víspera, el sábado 13, el mismo personal de Semefo fue llamado para que recogiera el cuerpo de un joven que falleció víctima de torturas infligidas por custodios.
Esa muerte fue la que decidió a reclusos a amotinarse y tomar a varios vigilantes como rehenes para exigir que se mejoren sus condiciones en el penal.
La autoridad penitenciaria ya sabía que antes de que saliera la visita del domingo 14, la violencia iba a estallar. Por eso ordenaron que los familiares de los reclusos se dieran prisa para abandonar la cárcel, ni siquiera les revisaron el sello que les colocan para verificar que son visitas.
Leticia, una joven que desconoce el paradero de su esposo interno, recuerda la tensión que se vivía ese domingo en el penal. Su cónyuge le advirtió que “había mucha violencia” en las celdas, y le pidió que no llevara a sus hijas porque la situación iba a estar muy difícil el domingo. La mujer salió de la cárcel a las 13:00 horas de ese día y una hora después estalló la violencia.