GUADALAJARA, Jal.— Con el paso firme, seguro de sí, contrastando con el nerviosismo e incredulidad evidente que mostró el viernes pasado, el día de su unción por parte del Consejo General Universitario (CGU), el rector sustituto de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Marco Antonio Cortés Guardado, inició el lunes sus primeras actividades como máximo dirigente de los universitarios jaliscienses.
Por lo pronto, no tenía nada qué temer. Escoltado por un atento y “servicial” grupo de 10 elementos de seguridad privada, Cortés llegó a la Rectoría poco después de las 9:30 horas. Emuló a aquel conquistador con el que comparte apellido y casi vocación.
Quienes sí estaban nerviosos y desprotegidos de la mano de cualquier consejo y santo patrono “padillista”, eran los trabajadores administrativos que revoloteaban ante la figura del nuevo enviado del Grupo Universitario, que comanda el ex rector y “líder” moral, Raúl Padilla, a restablecer la fe universitaria. Había que esperar. Adentro del edificio de la avenida Vallarta y Enrique Díaz de León, un oficioso notario daba cuenta del estado en que estaban las oficinas.
La espera tuvo sus frutos y a las 10 de la mañana, previa exhaustiva identificación, los esperanzados trabajadores reiniciaron su jornada cotidiana.
Estudiantado, práctico
En decenas de puntos distribuidos estratégicamente por la ciudad, los estudiantes universitarios trataban de entender cómo el orden se restablece de un día para otro.
Parte de su formación en la vida. “Ojalá que no haya clases. Que se peguen lo que quieran entre ellos y que no nos metan en sus líos”, parecía ser el común denominador de las bien definidas posturas del alumnado.
En alrededores y en el interior de los edificios escolares, los equipos de seguridad trataban de descifrar cualquier gesto que rompiera con el ambiente de un día cualquiera. Por el lado de maestros e investigadores la situación parecía más atenta y confusa. Ya dieron las primeras señales de vida: se nota un esfuerzo por crear un esbozo de respuesta ante lo sucedido.
Después de que a muchos de ellos se les “invitó” a sumarse a las muestras de apoyo por la llegada del nuevo rector, ha iniciado un ir y venir de comunicaciones para tratar de establecer una postura, más o menos independiente de las disputas políticas.
Así, las posturas se multiplican ante el crónico distanciamiento de los dirigentes; incluso, algún bien intencionado y cándido profesor aseveró: “El grupo padillista no existe. Es una invención de Briseño”.
La buena noticia para el Grupo Universidad es que la temida violencia no ha llegado y todo parece indicar que la resolución vendrá de las instancias legales. El bicéfalo monstruo universitario puede que resulte una quimera de fin de semana.