JUCHITÁN, Oax.— Algunos pobladores les llaman despectivamente “poli baata”, palabra derivada de la contracción zapoteca “baatañee”, que en español significa “pies descalzos”. Otros les dicen los “FBI”, siglas de “Fuerza Bruta del Istmo”.
En realidad se trata de 207 policías municipales de Juchitán, ciudad zapoteca de casi 100 mil habitantes, que prácticamente carecen de todo.
“No tenemos armas de fuego, chalecos antibalas ni esposas; tampoco recibimos cursos de defensa personal ni contamos con patrullas, salvo dos vehículos compactos viejos y una camioneta”, dijo uno de los “poli baata”, Miguel Toledo Ramírez. “Así no podemos enfrentar a los grupos de la delincuencia organizada”, admitió.
La policía municipal de Juchitán experimentó a partir de junio pasado una ola de nuevos delitos, entre levantones, secuestros, ejecuciones, enfrentamientos callejeros entre bandas de traficantes de drogas al menudeo, así como violentos asaltos a casas y comercios.
A cambio, “nuestro sueldo es de apenas 145 pesos diarios y de ahí sale para nuestra comida y la de nuestra familia”, añadió Toledo Ramírez, reclutado como policía por la recomendación del comité político de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) debido a que contaba con experiencia de dos años en la Armada de México.
En la comandancia municipal, de escasos 24 metros cuadrados y ubicada en un rincón de la parte alta de la alcaldía, se concentra el armamento para garantizar la seguridad de los juchitecos: 10 carabinas M-1 prestadas por el Ejército mexicano, 25 toletes y tres lámparas medianas.