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Condenan a muerte a mexicano

En sólo una hora dictaminaron su caso. El juicio duró dos días y sólo se utilizó el testimonio de la viuda
Lunes 14 de febrero de 2000 Primitivo López/Corresponsal | El Universal

NUEVO LAREDO, Tamps.? En tan sólo una hora, un jurado popular, integrado por seis hombres y seis mujeres, encontró culpable de homicidio capital al indocumentado mexicano Ramiro Hernández Llanas, de 29 años de edad, originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, y lo condenó sin más trámites a la pena muerte.

El juicio, que solamente duró dos días, se efectuó en la Corte del Distrito 216 de Banderas, Texas, una población ubicada a 50 kilómetros al noroeste de San Antonio, en donde se responsabilizó al mexicano de haber matado de 11 puñaladas a Glen H. Leich, un abogado y profesor universitario de la comunidad de Kerrevile, el 14 de octubre de 1997. Ante el juez estatal, Steph Ables, la viuda, Lera Leich identificó a Hernández como el asesino de su esposo, en un rancho de su propiedad, en donde construían una casa y el ilegal había sido contratado como peón.

En la colonia Buenos Aires, de Nuevo Laredo, EL UNIVERSAL localizó a Martha Hernández Llanas, madre del condenado a muerte, quien está inconsolable por la inminente pérdida de uno de sus 10 hijos, pero asegura que su corazón de madre le dice que es inocente.

Entre sollozos, relata la forma en que recibió la noticia: ?Luego, luego ?me dijeron? le vamos a dar sentencia de muerte, porque aquí esto es muy delicado. Le dije, usted es ley, señor, usted es ley y si me lo encontraron (culpable) a mi hijo en ese mal, le dije; pero no lo creo, no lo creo ?le dije? que él haya cometido ese mal?.

La atribulada madre y toda su familia pide clemencia para su hijo y que se revise su caso, porque dice que está afectado de sus facultades por los golpes que recibió en los penales tamaulipecos.

?Tengo que estar aguantando, porque no puedo, no puedo presentarme con él, se me hace muy duro.?

Nosotros somos una familia muy humilde y lo poco que tenemos se ha logrado con base en puro trabajo; mis hijos no han tenido la oportunidad de estudiar por tener que trabajar, Ramiro fue muy trabajador y bueno con sus padres y hermanos.

?Por eso, enfatizó doña Martha, pido clemencia para mi Ramiro, por favor, no quiero que me lo maten?, y agregó entre sollozos: ?Estoy segura que mi hijo está enfermo de su cabeza, desde que fue garroteado en la prisión de Matamoros o Victoria, no recuerdo?.

Ramiro Hernández Llanas, que actualmente cuenta con 29 años de edad, es de Nuevo Laredo y estudió parte de la instrucción primaria en la escuela ?Prexedis Balboa?, ubicada a un costado de la colonia CNOP, pasando el arroyo ?Las Alazanas?, cuando todo esto era basurero, agregó Doña Martha, ?mis hijos desde muy chiquitos ayudaban a mi esposo a pepenar fierro, aluminio y vidrio, además, mi esposo tenía un criadero de marranos.

?Somos una familia muy humilde, a Ramiro le achacan un crimen aquí que no cometió, se declaró culpable a raíz de las torturas a las que fue sometieron cuando lo detuvieron.?

Recuerdo, dijo la señora Martha con los ojos llenos de lágrimas, como si ahorita fuera cuando unos agentes trajeron a mi hijo esposado, cuando estabamos velando a mi esposo, que murió un año después de puro pesar por ver a nuestro hijo Ramiro en prisión acusado de un crimen que no cometió.

?Pido a Dios y las autoridades clemencia para mi hijo, me dicen en un papel que trajeron unos señores de Estados Unidos, que quieren ayudar a mi hijo, pero que nosotros tendríamos que mitigar la sentencia en caso de que lo declararan culpable.

?Creo que estas personas que vinieron no lo quieren ayudar, pues me empezaron hacer preguntas acusatorias en contra de mi hijo, levantándome la voz a mí, que soy una mujer anciana, por lo que estoy pidiendo públicamente clemencia a mi hijo, lo que necesita en lugar de la muerte es ser tratado psicológicamente en un hospital, pues estoy segura que no esta bien de la cabeza?, concluyó.

La viuda Leich dijo que Hernández la amenazó repetidamente y la amarró de pies y manos a la cama de su habitación, mientras rondaba la casa en búsqueda de joyas y dinero ?la madre de la testigo dormía también en la vivienda?.

En su testimonio, ante el jurado, la viuda dijo que aprovechó un descuido de Hernández para escapar de la casa y correr hasta un rancho vecino para llamar a la Policía.



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