PÁNUCO, Ver.— Los ojos de Sergio López, de pronto, se pusieron muy rojos. No llevaba ni cinco botes lanzados de cal por las calles y ya resentía los estragos. La poca piel que salía de sus ropas se tornó blanca y a las pocas horas también enrojeció.Sin embargo, no detiene su tarea. Alguien tiene que hacer el trabajo para que miles de personas puedan regresar a sus hogares. Sin Sergio y sus compañeros, los damnificados de la zona norte de Veracruz simplemente no pondrían un pie en sus hogares o, de hacerlo, irían a dar al hospital.
López forma parte de las dos brigadas de saneamiento ambiental de la Gerencia Regional Golfo-Norte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), que desde las ocho de la mañana del miércoles recorren las calles invadidas por pestilentes aguas de los ríos Pánuco y Tamesí.
Su trabajo es subterráneo. Pocos los ven, pero lo mismo están en El Moralillo (municipio de Pánuco), que en colonias de Tampico, donde siete personas lanzan una tonelada diaria de cal en patios de viviendas, letrinas o calles liberadas de las anegaciones.
“A veces es cansado, pero con ver a la gente feliz por regresar a sus hogares, es suficiente para mi”, afirma Sergio, a quien se le olvida el cansancio cuando hace que miles de personas retomen su vida normal.
“Se te olvida el cansancio y las molestias que causa la cal”, agrega, aunque pica cuando ingresa por la nariz y va quemando todo por dentro. Y ni qué decir de la piel, pues ésta se quema con el polvo blanco que mata las bacterias.