CHALCHIHUITES, Zac.— Aquí nadie sabe si eran zetas o gente de El Chapo, o de algún otro cártel. Lo cierto es que cuando iba a terminar la última carrera de caballos en el carril de Santa Rosa, llegaron unos 30 sujetos con cuernos de chivo, vestidos de negro y encapuchados.
Tras descender de lujosas camionetas, en unas dos horas despojaron de sus pertenencias a gran parte de los 500 asistentes al evento. A quien se resistía lo sometían a golpes. Hasta con caballos y “nuestras trocas” cargaron, relatan aquí en voz baja.
Testigos de los hechos refieren que al anochecer del pasado 13 julio, además fueron levantadas dos personas que estaban en las carreras: Antonio Cuevas y Jaime Blanco, originarios de Durango, cerca del municipio de Vicente Guerrero, región en donde hace un mes ocurrió una decena de ejecuciones —varios decapitados.
Pretendían llevarse también al empresario Leonardo Chávez Andrade, cuyos caballos figuraban en el programa de la quinta carrera parejera a 300 varas, revelan. Creen que alguien, desde la competencia, avisó al grupo de su desarrollo. Así, llegó justo al terminar para robar.
No descartan, sin embargo, que como este “negocio” es controlado por grupos delictivos que operan en la zona, quisieron también “dar un susto, una lección, o mandar un mensaje” al enemigo. Hoy, este lugar quedó marcado, y sus habitantes temerosos de que la ola de violencia existente entre los límites de Zacatecas y Durango se extienda.
Entre las víctimas que dieron sus testimonios a EL UNIVERSAL, hay quien resaltó que, quizá, fue mejor que no había patrullas municipales, pues “se hubiera armado una balacera”.
Cerca de las 20:30 horas, una vez cerradas las apuestas de al menos seis carreras, recabado el dinero de entradas y venta de cerveza, a Santa Rosa arribó un convoy de más de siete camionetas de lujo y descendieron apresuradamente los encapuchados.
Para amedrentar a los asistentes, dispararon al aire. Unos cuantos se atrevieron a correr, y perderse entre sembradíos. La mayoría fue sometida y asaltada.
Un testigo aseguró que al irrumpir en el carril, “los hombres nos ordenaron a gritos tirarnos al piso y que no se nos ocurriera voltear a verlos”.
La orden fue para todos, incluso mujeres y niños; a éstos al menos no los golpearon. Sin embargo, les advertían que cooperaran, pues sino matarían a los hombres y a quien desobedeciera sus órdenes, continuó.
El botín obtenido fue atractivo, de alrededor de medio millón de pesos, porque muchos paisanos llegaron cargados de dólares y caballos, estimó un habitante, quien aclaró que esto sin considerar el alto costo de caballos, ni monto de apuestas.
Los entrevistados informaron que decidieron no interponer ninguna denuncia ante las autoridades. “Ni nos van a regresar el dinero, sólo será pérdida de tiempo y nos ponemos en el ojo del huracán”.
Aunque vecinos que no asistieron al evento, aseguran que Chalchihuites no es el foco rojo, ya que “esos grupitos están por Sombrerete y Vicente Guerrero, y en algunas de sus zonas se siembra mariguana”, aquí comercios, cantinas y plazas públicas quedan desiertas al ocultarse el sol.