sergio.jimenez@eluniversal.com.mxTLALTENANGO, Zac.— “Dicen que traía culebra... con mucho aire...”. Así resume Carmen Esparza Castellón la tromba que cayó en este municipio, centro neurálgico de la economía de la región, cuyas calles fueron atrapadas por el lodo que ahora todo lo invade y que se metió en todos los resquicios.
La culebra, así se refiere la gente del campo a la formación de un torbellino en el cielo... un cilindro de viento y agua que deja severas inundaciones; sin embargo, esta vez, no todo fue responsabilidad de la culebra, sino del río Xaloco, que se desbordó a causa del tapón generado por autos y árboles arrancados de cuajo, como dijo la gobernadora Amalia García.
Tlaltenango es un municipio próspero. Las casas lo dicen. Las hay desde aquellas con bonitas fachadas que presumen en sus azoteas antenas parabólicas, hasta las humildes viviendas de lámina y madera. Pero el agua no respeta holgura económica, agarra parejo y más a los que viven cerca de las presas o de los ríos.
La tregua que la lluvia otorgó el viernes y que permitió comenzar las tareas de rescate de enseres domésticos, autos y comercios, desafortunadamente se levantó cuando ayer por la mañana comenzó a llover.
Esta zona es fría y ahora, con el agua y el lodo hasta los tobillos o a veces casi hasta las rodillas, la gente ha comenzado a trabajar para recuperar sus cosas.
La desesperación de las primeras horas, el llanto y el coraje han pasado y en su lugar han llegado la preocupación y la angustia de quienes perdieron su negocio, sus herramientas, sus muebles, la camioneta con la que trabajaba o la siembra que apenas se levantaba menos de medio metro.
En la calle queda el testimonio de la fuerza que puede alcanzar el agua a borbotones. Los autos se apachurraron, se torcieron y se quedaron encimados cuando el agua de la culebra se los llevó a su paso.