WASHINGTON.— En el siglo XVII se le llamó “manzana del amor” por una superstición europea, según la cual quienes la comían sufrían de enamoramiento súbito. Katharine Hepburn no podía vivir sin una sopa de tomate Campbells entre las manos y es una leyenda urbana que Dereck Jeter, el símbolo carismático de los maltrechos Yankees de Nueva York, nunca se va del Nino’s Positano sin engullir una pasta en salsa de tomate.
El tomate ha sido parte inseparable de la cocina, las costumbres, las celebraciones, la vida, el arte y desde luego actor infaltable en los festejos y las protestas que tienen lugar en Estados Unidos.
En 1958 un grupo de manifestantes lanzó una lluvia de jitomates al vicepresidente Richard Nixon; André Breton, uno de los ideólogos del surrealismo, dijo que el hombre que no es capaz de ver a un caballo cabalgando un jitomate es un idiota. Décadas más tarde ese reino de las hamburguesas llamado McDonalds decretó que la fruta (según los botánicos) o la verdura (según los científicos) debería ser una parte de sus platillos rebosantes de papas fritas y colesterol.
Hoy el jitomate es el protagonista, el centro o el pretexto de un nuevo conflicto entre México y Estados Unidos. De pronto parecería que el guión de la película de Sergio Arau se hubiese trasladado a la realidad, que con frecuencia supera a la ficción: Desde el miércoles Estados Unidos no ha amanecido sin mexicanos, pero sin exagerar puede decirse que sus restaurantes, cocinas, supermercados y mesas han resentido la ausencia del jitomate mexicano. Y decir eso no es cualquier cosa.
México exporta anualmente 900 millones de dólares en jitomate de distintas especies a Estados Unidos. Es el segundo productor en el mundo, después de España, y el país que más exporta al vecino del norte.
“Estados Unidos no puede imaginarse sin el jitomate mexicano”, dijo un conductor de la radio en un tono un tanto melodramático, pero no equivocado. El 80% del jitomate que se utiliza en este país para bañar las pizzas neoyorquinas, rellenar los tacos de carnitas en Los Ángeles y sazonar las salsas italianas, viene desde los campos de México.
En 1967 el jugo de tomate fue declarado la bebida oficial del estado de Ohio. Fue más o menos en esa época cuando el jitomate mexicano irrumpió como una tupida lluvia roja en la vida diaria de los estadounidenses.
Desde entonces se le encuentra por todas partes: en WalMart y en McDonalds, en Burger King y en los restaurantes de Chicago, Nueva York y Washington; así como en las tienditas mexicanas de la calle 116 en Manhattan.