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Mientras cientos de toneladas de tomate mexicano permanecen varadas en la frontera de Texas con México, con riesgo de pudrirse, el secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, aseguró que Estados Unidos carece de elementos para vincular al fruto nacional con la salmonelosis.
Aun así, los productores mexicanos ya resienten pérdidas; pedidos de grandes importadoras en Estados Unidos son suspendidos y cancelados; y cargas completas permanecen embodegadas en California y Texas, sin autorización para su liberación.
Arturo Martínez, director de operaciones de la compañía Bonanza 2001, dijo que tenía en sus bodegas de Pharr, Texas, 500 toneladas de tomate sin poder comercializar.
El diputado federal Andrés Bermúdez, migrante conocido como El Rey del Tomate, estimó pérdidas de 7 millones de dólares diarios por esta situación.
En Estados Unidos, donde el número de personas infectadas por salmonela se elevó ayer a 228, no se ha establecido la procedencia del tomate que provocó un brote de la enfermedad en Florida, pero el que viene de México está atrapado en un limbo burocrático. La Administración de Drogas y Alimentos (FDA) no lo ha declarado causante del brote, pero tampoco lo incluyó en la lista de los países declarados ajenos al problema.
Detrás de la ambigüedad de la FDA, existe, de acuerdo con observadores de la industria alimenticia estadounidense contactados en Washington, un temor evidente de que los productores mexicanos puedan entablar una demanda legal, si estiman que son acusados sin que medien las pruebas científicas de rigor.
“No hay ningún documento científico que compruebe la acusación para frenar la exportación de tomate mexicano”, dijo tajante Alberto Cárdenas.
Productores de Sinaloa informaron al funcionario que desde hace dos días se bloquean en Estados Unidos las importaciones de tomate Bola y Roma-Saladette.
La FDA, abundó, no tiene ninguna evidencia científico-técnica que señale que el tomate rojo está vinculado con la salmonelosis.
Durante el Foro Global Agroalimentario, comentó que de inmediato se pondrá en contacto con su homólogo estadounidense, Edward Schafer, “para sacar el tema lo más pronto posible”.
Y señaló que el tomate mexicano es incluso de mejor calidad que el importado en Estados Unidos originario de Centroamérica.
“No hay ningún riesgo de consumir tomate mexicano”, sentenció. Hasta 80% del tomate importado por el vecino país es mexicano, lo que equivale a ventas anuales por mil 200 millones de dólares, dijo Cárdenas.
Los productores mexicanos ya resienten pérdidas. El discurso oficial en Estados Unidos indica que no existe un cierre de fronteras al cultivo de origen mexicano, pero la realidad es otra: los pedidos de grandes importadoras son congelados y suspendidos.
En California y Texas se reportan casos de distribuidores estadounidenses que tienen cargamentos de tomate rojo mexicano en sus bodegas y no lo pueden liberar, porque la FDA no lo autoriza, a pesar que fueron sometidos a las pruebas de rigor y se sabe con certeza que no están contaminados.