CULIACÁN, Sin.— La guerra comercial del tomate rojo no es nueva. Desde hace más de 100 años, Estados Unidos ha mostrado interés de cerrar la frontera norte al fruto mexicano o por lo menos de obstaculizar su distribución para beneficiar a campesinos de esa nación.Ya sea por supuesto dumping (competencia desleal en la oferta de productos en mercados extranjeros), la intención de fijar aranceles, la restricción de exportar según el diámetro de la fruta y ahora por presunta infección de salmonelosis.
En una de las tantas defensas contra esta cerrazón, se advirtió que la medida obligaría a más de 200 mil jornaleros mexicanos a decidir entre dos alternativas: dedicarse al cultivo ilícito o cruzar de forma ilegal el río Bravo, recordó José Carlos de Saracho Calderón.
Quien fuera presidente de la extinta Unión Nacional de Productores de Hortalizas lanzó esta alerta en el seno del Congreso de la Unión Americana, en defensa de los agricultores nacionales acusados de dumping, a fines de los 80.
Esta nueva alerta es parte de una campaña negativa con fines proteccionistas para favorecer a los productores de aquél país que compiten con la producción enviada de Sinaloa, dijo Armando Borboa López, presidente de la Asociación de Agricultores del Río Sinaloa Poniente.
Tensa competencia
De Saracho Calderón indicó que la competencia comercial entre agricultores de Sinaloa, en México, y de Florida, en Estados Unidos, se vuelve más tensa, sobre todo porque los productores de ese país no sólo están expuestos a las inclemencias climatológicas, como ciclones y heladas, sino a las alzas del petróleo y sus derivados.
Subrayó que los horticultores estadounidenses no aceptan que las cosechas mexicanas cubran sus déficit en esta clase de alimentos, sobre todo en época de invierno, cuando las condiciones climatológicas extremas lo reclaman.
Además, apuntó, en Florida los costos de la tierra de uso agrícola se elevan por la expansión urbana, así como por los combustibles, fertilizantes, transporte, plásticos y la escasez de mano de obra en sus surcos; la política migratoria golpea sus costos de producción.
En su opinión, el uso de la mano de obra ilegal en los campos agrícolas en Estados Unidos se va a complicar y en consecuencia los inversionistas tendrán que elevar los salarios para atraer a obreros y con esto se elevarán los costos de sus tomates y otras hortalizas.
A raíz de que en 1907 se declaró a los horticultores mexicanos proveedores confiables de los mercados estadounidenses, sus homólogos de Florida han recurrido a instrumentos económicos, financieros, legales, políticos y propagandísticos para reducir su participación en los abastos de invierno. (Con información de Notimex)