RÍO BRAVO, Tamps.— Pese a que las autoridades estatales no lo admiten, desde hace semanas en varios municipios de la frontera tamaulipeca se aplica un “toque de queda”. Militares patrullan las principales calles y en horas del día policías federales supervisan el paso de automovilistas en numerosos retenes.
En Río Bravo, las propias autoridades municipales admiten el hecho: “Militares detienen, interrogan y revisan el interior de los automóviles sospechosos, principalmente los que a la vista pudieran transportar algo”, señala un cercano colaborador del alcalde priísta, Roberto Benet Ramos.
El miércoles 4 de junio, Benet Ramos y un reportero de un medio local se dirigieron a una tienda con la intensión de adquirir una pasta de dientes y varios botes de agua, eran las 00:30 horas.
Los dos iban a bordo de una camioneta color blanca tipo Suburban del gobierno municipal. Al llegar al sitio, fueron copados por seis tanquetas del Ejército, de las que descendieron más de 50 militares.
Los soldados apuntaron sus armas al conductor y copiloto, exigiéndoles descender de la unidad. El reportero se identificó, pero no fue suficiente. La orden era tajante: “¡Bájese del vehículo, esta es una revisión!”.
El colaborador del edil se dirigió al militar de mayor rango, y luego de identificarse se escuchó la voz de mando: “Retírense y suban a las unidades. Vámonos”.
Benet Ramos revela también que, tras los últimos hechos violentos en la ciudad, la Sedena ha instrumentado una especie de toque de queda:
“Después de las 12 de la noche nadie puede salir a la calle, la ciudad se queda desierta y todo aquel automovilista o persona que deambule es sujeto a profundos interrogatorios”.