VILLAHERMOSA, Tab.— Hace siete meses ocurrió la creciente del río Grijalva que cubrió y destruyó el local de venta de pozol (bebida regional a base de masa de maíz y cacao molido) de la familia García Izquierdo.
Pero es la fecha que Ramón García Frías y Graciela Izquierdo, su esposa, no pueden superar las adversas secuelas económicas de ese desastre. Apenas el pasado martes, lentamente reinició lo que era un próspero negocio familiar.
Angustiado por la falta de su fuente de ingresos y luego de tanto esperar, finalmente se decidió a reabrir.
Aunque no recibió el apoyo federal de 20 mil pesos, destinado para reponer los enseres perdidos y tampoco los créditos para reactivar los negocios afectados, este joven padre de familia dice que tuvo que recurrir a un prestamista para empezar con lo indispensable.
Obstáculos para reabrir
García Frías destaca que el principal obstáculo que le detenía para la reapertura de su negocio de venta de la refrescante bebida regional, es la muralla de costales levantada frente a la puerta de la pozolería Lo que es de Tabasco.
Y es que la muralla de costales para contener una posible creciente del río Grijalva, fue erigida frente a la puerta de su local, ubicado en el malecón Leandro Rovirosa Wade 205, colonia La Manga I, sector Gaviotas, la más dañada.
Esa costalería impide que sus antiguos clientes que transitan por la avenida del malecón puedan ver y entrar a su negocio a comprarle pozol, tanto preparado con hielo, como para llevar por kilogramo.
Con sus propios recursos y un préstamo de 20 mil pesos que le otorgaran a rédito de 10% mensual, reabrió el negocio, pero en el primer día apenas vendió 80 pesos, cuando normalmente en esta época de calor expendía hasta mil pesos diarios, expone.
Las labores para la venta de pozol, junto con su esposa, las inicia a las tres de la mañana, para cocer el maíz y tostar el cacao, tareas que para las 8:00 horas ya están terminadas y listas para vender pozol.
Antes de que su negocio naufragara en el caudal del Grijalva, recuerda que cocían cinco cubetas de 20 kilogramos de maíz. Ahora sólo preparan una cubeta y no la venden toda.
Ramón explica que tiene los mínimos utensilios, pues perdió todo en la inundación, que según cálculos que entregó a las secretarías de Economía federal y estatal, fue por 130 mil pesos.
“Me cansé de dar vueltas, fuimos como cinco veces (a las dependencias) y no nos dieron ningún apoyo”, dice resignado a valerse de lo que pueda por sí mismo para sostener su pozolería, donde vende a 13 pesos la jarra y a 10 pesos el kilo para llevar.