TIJUANA, BC.— La vida para la familia de Patricia cambió por completo desde que uno de sus parientes cayó en manos de una banda de secuestradores. Las tertulias semanales por el gusto de estar juntos terminaron para dar paso a reuniones urgentes, con el fin de decidir cómo ayudar a su ser querido.
Los secuestradores exigían sumas estratosféricas por liberar a la víctima, pero la venta de los bienes y préstamos no alcanzaba para cubrir el reclamo, así que los plagiarios tuvieron que ceder y bajar el monto de la cuota.
A pesar de que se cubrió el rescate las semanas de espera del regreso se convirtieron en meses, pues los delincuentes decidieron que no era suficiente, así que volvieron las exigencias y creció la angustia para la familia.
Habían transcurrido casi 10 meses del plagio, pe-ro aun así permanecieron en Tijuana con la esperanza de que su ser querido volviera al hogar, pero el tiempo y el cambio de actitud de los plagiarios, de reclamos a agresiones, casi les quitó la esperanza del regreso.
De madrugada y con la angustia de ser sorprendidos por los secuestradores que habían amenazado con raptar a otros integrantes de la familia, decidieron huir a Estados Unidos.
Subrepticiamente y para que los criminales no se enteraran, “malbarataron” los pocos bienes que les quedaron después de pagar el rescate, así que tuvieron que llegar con otros familiares en San Diego, California.
En México quedó la mayor parte de su ropa, sus muebles, sus amigos, escuela y trabajo, pero sobre todo su tranquilidad y su familiar, quien no saben si aún vive o al menos dónde está su cuerpo para sepultarlo.
Una sicóloga que conoció el caso y pidió anonimato, explicó que el trastorno para Patricia y su familia difícilmente se resolverá, pues ahora no sólo viven con la incertidumbre de lo que ocurrió con su pariente, sino con el temor de que los secuestradores los hayan seguido hasta su refugio.