estados@eluniversal.com.mxLAGOS DE MORENO, Jal.— Emilio González Márquez se levantaba al alba con el resto de sus hermanos. Los llevaban a bañarse al río. Era pequeño, de ojo claro, jugaba como cualquier niño, pero con una chispa detonada por la estricta educación que recibía apegada a la religión.
Hoy, aquel pequeño se convirtió en el gobernador de Jalisco y está rodeado por uno de los grupos políticos de derecha más duros en el interior del PAN. Sus posiciones lo han confrontado con el panismo del estado y paulatinamente reducido su influencia en la toma de decisiones partidistas.
La vida de Emilio González ha tenido altas y bajas. Los escándalos que vive hoy en el gobierno del estado no son los únicos que han envuelto a su familia. En la década de los 80, uno de sus hermanos, José, fue acusado de pertenecer a una banda de asaltantes. Un mes después murió en un accidente.
Las tías
El gobernador nació el 12 de noviembre de 1960 en Los Altos, en el seno de una familia acomodada y numerosa, rodeado por los recuerdos de la lucha cristera, de la influencia de la Unión Nacional Sinarquista y posteriormente de la lucha del Partido Demócrata Mexicano (PDM).
“Es un hombre de fe”, dice Yolanda Márquez Güitrón, mientras su hermana Glafira Márquez ataja: “Es un buen hombre, buen esposo y creyente”; rechazan que la familia haya sido cristera.
Narran con entusiasmo cómo lo recuerdan de niño: bonito, güerito, respetuoso y atento, que jugaba con sus hermanos y que se fue a los siete años a Guadalajara.
Al gobernador le gusta el campo, el tequila, las mujeres y le va a las Chivas. Usa traje sport y lo han visto con sandalias y shorts luego de una intensa jornada de trabajo. Es un hombre que se acompaña de su esposa y de sus tres hijos. Viaja en camioneta y su casa tiene una discreta vigilancia.
Francisco Morales, uno de los cuadros más representativos del PRI jalisciense, recuerda que el tío de Emilio, Carlos González Gómez fue delegado del Registro Federal de Electores en Jalisco. A los 15 años Emilio trabajaba para él.
“Sus padres, Bernardo y Ofelia, militaron en la Unión Nacional Sinarquista, los parientes pobres del PAN o los herederos de la lucha cristera en ese corredor ideológico de Los Altos”, dice el ahora investigador de la Universidad de Guadalajara (U de G).
Emilio estudió la secundaria en el Colegio Anáhuac Chapalita y fue a la Prepa 5 de la U de G. Cursó la licenciatura en la Facultad de Contaduría Pública y la Maestría en Desarrollo Organizacional y Humano en la católica Universidad del Valle de Atemajac.
Es un “vivo de la política”
En el PDM fue presidente nacional interino. En su inicio, lo cobijan Víctor Atilano, Gumersindo Magaña e Ignacio González, los tres fueron líderes nacionales del partido del gallo colorado. La desaparición del PDM se dio entre críticas a su liderazgo por falta de transparencia.
“Era un hombre con chispa, que compartía los valores cristianos-sociales del PDM”, dice Víctor Atilano, considerado su mentor y entrevistado en Lagos de Moreno. “Sí, me dolió que se fuera al PAN, pero en el partido no teníamos más oportunidades que ofrecerle cuando perdimos el registro”, acepta. Y también niega su ascendencia cristera.
En diciembre de 1992 se adhirió al PAN, cobijado por Herbert Taylor y Tarcisio Guadalupe Rodríguez Martínez, hijo de un fundador del PAN y que era líder del panismo jalisciense. Emilio va en ascenso en el blanquiazul y se hace su líder de 1999 a 2002.
“Tiene una carrera meteórica, es un encantador de serpientes, es muy agradable, pero tiene la grosería a flor de labios. Toca la guitarra, canta, se disfraza, es el que corre para alcanzar al camión. Es un personaje especial, no tiene capacidades intelectuales, es un vivo de la política. Él atiende sus creencias religiosas antes que las políticas”, dice Morales.
En 1995, fue regidor del primer ayuntamiento panista en Guadalajara. En 1997, fue electo diputado federal, en 2004 fue alcalde de Guadalajara, a partir del 1 de marzo de 2007 es el gobernador del estado y gobierna con apego a la religión católica y con estrecha cercanía con el cardenal Juan Sandoval Íñiguez.
Su fe la mantiene encendida sin importar críticas ni censuras. Sus seguidores gritan: “Emilio no te rajes, viva Cristo Rey”.