EJIDO DOS CEIBAS, Tab.— Carlos Mario de la Cruz Acosta observa cómo el agua del río Samaria entra impunemente y se desparrama sobre los potreros.
Por la falta de una estructura de control o el cierre definitivo de una oquedad de unos cinco metros de longitud que existe aquí en la orilla del río, el caudal ingresa incontenible.
Dice que solicitaron a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) que cierre ese punto por donde se mete el río, “pero no hacen caso”.
De estar tapado no estarían afectadas miles de hectáreas de pastizales y cultivos de maíz. La anegación de su potrero le obligó a evacuar sus reses y trasladarlas a terrenos con pastura, donde le cobran 150 pesos mensuales por cada animal.
El pequeño productor pecuario de este ejido del municipio de Cunduacán considera un error el desfogar las presas sin revisar primero el daño que ocasionarán. “Toda la pastura se fue al agua”, dice al apuntar su potrero anegado, al igual que el de sus vecinos.
“Tenían que supervisar las márgenes del río para reforzar los puntos donde pudiera salirse el agua y evitar todo el daño que nos están causando”.
El cerrar ese punto donde ingresa el caudal desfogado de las presas era menos costoso que todo el perjuicio que ahora han causado.