CHICOZAPOTE, Tab.— El indígena chontal Candelario Rodríguez García tenía la ilusión de aprovechar esta época de estiaje para cosechar maíz para el autoconsumo de su familia, pero de repente se encontró con sus dos hectáreas de milpa inundadas.
Desilusionado, dice que las plantas de su cultivo que sembró en enero ya empezaban a dar frutos tiernos. Optimista veía el verde de las plantas y pensaba sólo esperar que se convirtieran en grandes elotes, dejarlos que se secaran para cortar las mazorcas y almacenarlas en su troje.
De allí tomaría para desgranar y tener maíz para preparar tortillas, atole, tamal y para su bebida de pozol (hecho con maíz, cacao y canela).
Sin embargo, se frustró su deseo luego que el caudal desfogado de la presa Peñitas desbordó el río San Cipriano y las aguas escurrieron y anegaron su terreno, donde perdió no sólo el alimento de su familia, sino el tiempo y el dinero invertido.
De nada le sirvió fumigar cada 10 días contra las plagas y lograr salvar la milpa.
“¿De qué vamos a vivir?. Si el gobierno nos va a mantener... adelante, que inunden todo lo que quieran”, exclama molesto por la anegación que se registra en pleno estiaje, tiempo que aquí se aprovecha para sembrar.
Comenta que apenas empezaba a recuperarse de los daños que sufrió en noviembre, cuando toda esta zona quedó bajo un metro del agua en la peor inundación que se recuerde en Tabasco.